El Calor y la Mascarilla: Navegando el Verano con Protección y Bienestar

La mascarilla se ha convertido en un elemento esencial en nuestro día a día, aportando protección y seguridad. Sin embargo, su uso continuado, especialmente durante los meses más cálidos, puede generar incomodidad y plantear desafíos para nuestra piel y bienestar general. Comprender cómo mitigar estos efectos es crucial para mantenernos seguros y saludables.

Materiales y Transpirabilidad de las Mascarillas

Podemos encontrar mascarillas de diferentes materiales, tales como poliéster, telas sintéticas, algodón, entre otros. A la hora de comprar nuestra mascarilla, debemos tener en cuenta este factor, dado que algunos de estos materiales producen más calor que otros. Las mascarillas de tela, consideradas una alternativa más ecológica, ofrecen una amplia variedad. Para que esto no ocurra, se deben escoger mascarillas de un material adecuado, de preferencia cobre o algodón. Además, las mascarillas de tela deben lavarse todos los días, pero con muy poquito detergente y deben quedar bien enjuagadas.

Las mascarillas quirúrgicas son las más recomendadas ya que no se ajustan por completo a la cara y permiten una mejor transpiración. Por otro lado, las mascarillas con filtro (FFP2, FFP3, N95, KN95 y similares) filtran el aire en ambos sentidos, lo que resulta más incómodo y las hace aún más difíciles de soportar para quienes toleran mal las quirúrgicas. No están recomendadas para personas sanas. La pauta oficial aconseja no usar las quirúrgicas más de 4 horas seguidas, o hasta 8 horas en periodos alternos, para asegurar su efectividad. Pasado este tiempo, la acción de la humedad deteriora las fibras de su interior, haciendo que se desprendan y que, por tanto, la mascarilla resulte más incómoda.

Diferentes tipos de mascarillas y sus materiales

El Impacto del Calor y la Oclusión Cutánea

El aumento de temperaturas esta semana podría provocar enfermedades relacionadas con el calor. Este verano, al igual que en los anteriores, es necesario seguir con las indicaciones para sobrellevar el ambiente asfixiante que provoca un periodo con temperaturas bastante cálidas. También hay que tener en cuenta que añadimos nuevos riesgos, es decir, los revestimientos faciales y las enfermedades relacionadas con el calor.

El uso de la mascarilla genera un estado más oclusivo, lo que causa que se tapen mucho los poros y las glándulas sebáceas. La piel empieza a sudar mucho y cuando esa sudoración queda atrapada, produce más problemas que pueden llevar a irritación a nivel de piel y dermatitis. Enfermedades de la piel como el acné, la rosácea y la dermatitis seborreica pueden empeorar. El uso frecuente de mascarillas hace que la temperatura local aumente en 2ºC. Así, todas aquellas personas que son portadoras de acné, rosácea o dermatitis seborreica se ven perjudicadas y activan sus enfermedades. Además, como aumenta el calor, aumenta también el sudor en esa zona, permitiendo la entrada de bacterias debido al uso crónico de mascarilla o debido a que se usa la misma mascarilla de tela que no se lava.

La piel del rostro podría presentar espinillas, un exceso de puntos negros o un exceso de seborrea o grasitud local, es decir, eritema o cara roja con sensación de alergia y exceso de sequedad. En los casos más complejos, podrían producirse lesiones de aspecto infeccioso purulento, es decir, heridas, escoriaciones y hasta úlceras con pus. El uso prolongado de mascarillas puede causar o acentuar la aparición de granos, espinillas y manchas rojas, pues mantiene un ambiente húmedo, aumentando la cantidad de sudor y seborrea.

Diagrama mostrando el efecto de la oclusión de la mascarilla en la piel

Cuidado de la Piel Bajo la Mascarilla

Al estar largos periodos de tiempo con la mascarilla puesta, la piel que está oculta bajo ella va a tender a secarse e irritarse. Por ello, es muy recomendable lavarse la cara de vez en cuando e hidratarse muy bien bajo la mascarilla. Es fundamental mantener una rutina de limpieza e hidratación en rostro y cuello, con productos adecuados o syndets de un pH similar a la piel y aguas micelares (profundizan la limpieza).

¿Qué puede hacer una mascarilla por tu cabello? La mascarilla capilar es un producto clave para preservar visiblemente la salud y belleza de nuestro cabello. Sus ingredientes, más concentrados, penetran en la cutícula del cabello para reparar daños y fortalecer la estructura capilar desde dentro. Si tu cabello está dañado por tratamientos químicos o exposición constante al calor o al sol, no puede faltar en tu rutina.

La deshidratación es una de las principales causas de problemas capilares tan comunes como la sequedad o el frizz. Aplicar una mascarilla de manera regular ayuda a mantener nuestro cabello hidratado, lo que se traduce en mayor suavidad, manejabilidad y brillo. Además de reparar, una mascarilla ayuda a que tu pelo sea más fuerte frente a las agresiones diarias. Durante el verano, el sol, el cloro y la sal del mar pueden dejar tu cabello “sediento”. Las mascarillas ofrecen una hidratación específica para ayudar a mantener esa vitalidad incluso en las condiciones más adversas para nuestro pelo.

Estrategias para Combatir el Calor y la Incomodidad

Beber agua siempre es muy importante en esta época del año, pero su importancia se incrementa si vamos a tener que llevar una mascarilla puesta durante un periodo prolongado de tiempo, ya que pasaremos más calor. La mascarilla, más allá de su obvia incomodidad, provoca un exceso de sudoración y, por tanto, aumenta el riesgo de sufrir una deshidratación. Los expertos insisten en cumplir con las medidas habituales. La hidratación y evitar la exposición al sol en las horas centrales resultan los consejos más efectivos.

En estos días de calor puede aparecer la tentación de empapar la mascarilla con agua, cosa que debemos evitar, porque empeora su capacidad de filtración. En el caso de las pieles grasas o con tendencia acneica, se deben aplicar productos muy ligeros y de rápida absorción, y que además sean no comedogénicos, es decir, que no obstruyan los poros. Hay que tener en cuenta que cuando los poros de la piel están obstruidos, retienen más fácilmente el sudor, lo que, además de aumentar la incomodidad que produce la mascarilla, favorece la aparición de granos y espinillas.

Mónica de Orue, vocal de Dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Guipúzcoa, explica que la mascarilla impide la correcta transpiración y que el sudor, con las altas temperaturas, puede provocar la obstrucción, lo que facilita la proliferación de bacterias y la aparición de granitos. Por eso es muy importante lavarse la cara antes y después de utilizarla. Y también adaptar los cuidados cosméticos habituales a esta circunstancia. Se recomiendan las texturas ligeras con antioxidantes y sustancias que retengan la humedad de la piel, como las ceramidas y el ácido hialurónico.

Una cosa que ayuda a paliar el efecto “pegajoso” es aplicar los productos cosméticos con suficiente antelación como para que sean absorbidos antes de usar la mascarilla. Un truco rápido y efectivo es recurrir a un espray de agua termal, que se aplica sencillamente rociando la cara y esperando a que la piel se seque totalmente antes de volver a cubrirla. Aparte del frescor que aporta, el producto aporta hidratación y tiene un efecto calmante.

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Protección Solar y la Marca de la Mascarilla

El uso de la mascarilla no exime de la necesidad de protegerse del sol. Lo primero, es no olvidarse del filtro solar. Usar protector solar todos los días, porque sino vamos a quemarnos una parte del cuerpo que queda expuesta y la otra parte no. Hay que tener en cuenta que las mascarillas no protegen del sol, por lo que el uso de protección solar en la zona es indispensable como siempre, aplicándola 30 minutos antes de la exposición.

Usar un producto con algún factor fotoprotector también es la mejor manera de evitar ese tono bicolor tan marcado que produce la ligera marca horizontal bajo los pómulos que ya lucen algunas personas, debido a que, al no proteger adecuadamente la zona no tapada, se queman. La doctora Francisca Daza, dermatóloga de Clínica Alemana, enfatiza que "Lo primero, es no olvidarse del filtro solar. Usar protector solar todos los días, porque sino vamos a quemarnos una parte del cuerpo que queda expuesta y la otra parte no".

Comparación de piel expuesta y protegida del sol bajo mascarilla

Consideraciones Adicionales y Consejos Prácticos

Permitirse unos minutos de descanso (asegúrate de alejarte de los demás antes de esto) es una estrategia para sobrellevar mejor los sofocos. Mantener fresco el resto de tu cuerpo también contribuye. Si resultan insoportablemente sofocantes, en el primer caso se pueden sustituir por las higiénicas. Estas son más frescas porque ofrecen menos resistencia al aire, pero también aportan menos protección.

La doctora Daza entrega una serie de recomendaciones para escoger de forma adecuada este elemento y evitar las complicaciones asociadas a su uso y las altas temperaturas:

  • Llevar una de repuesto.
  • Tomar agua.
  • Permitirse unos minutos de descanso (asegúrate de alejarte de los demás antes de esto).
  • Mantener fresco el resto de tu cuerpo.

Es recomendable usar mascarillas de textura suave y cambiarlas reiteradamente tras un tiempo prolongado de uso para reducir la exposición al sudor y la humedad. Cambiar la mascarilla cada vez que la sienta húmeda o sucia es también una recomendación básica para asegurar su correcta utilidad, en su función principal de protección y prevención del contagio a través de la vía aérea. Si se mantiene la piel limpia e hidratada, sin heridas, lo más probable es que estos problemas se puedan regular. Una vez en casa, retirar la mascarilla, lavar primero las manos y luego el rostro.

La normativa del Gobierno solo especifica que es obligatorio el uso de mascarillas en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado dedicado al público. La mascarilla resulta obligatoria si no es posible garantizar la distancia de seguridad entre persona y persona de 1,5 metros. Por tanto, si te encuentras en la playa y no tienes a alguien por debajo de esa distancia podrás disfrutar del mar, del sol y de la arena sin necesidad de llevarla.

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