Desde el inicio de la pandemia, las mascarillas, junto con otras medidas de protección no farmacológicas como el distanciamiento social, la ventilación de espacios cerrados y la higiene de manos, se han erigido como un pilar fundamental en la lucha contra la COVID-19. Estas medidas preventivas mantienen su vital importancia, especialmente considerando que las vacunas actuales, si bien eficaces en la prevención de enfermedad grave y la reducción de la mortalidad, no son esterilizantes, es decir, no impiden la infección. Investigaciones de las universidades de Monash y Edimburgo, a través de una revisión sistemática y meta-análisis, han corroborado la efectividad de las mascarillas, el distanciamiento social y el lavado de manos en la prevención de nuevas infecciones por SARS-CoV-2.

Las mascarillas actúan como una barrera física contra la transmisión de gotículas respiratorias, previniendo la propagación de agentes infecciosos desde una persona infectada hacia personas sanas. Es importante comprender que funcionan principalmente de "dentro hacia afuera", lo que significa que su mayor beneficio se observa cuando un gran número de personas las utilizan de manera solidaria, frenando así la transmisión comunitaria. Sin embargo, no ofrecen una protección absoluta al portador contra la infección. No se consideran productos sanitarios ni equipos de protección individual (EPI) en el sentido estricto para la protección del usuario contra la inhalación de partículas.
El virus que causa la COVID-19 se propaga principalmente por el aire, a través de partículas que flotan y pueden ser inhaladas, especialmente en entornos concurridos y mal ventilados. Estas partículas son liberadas cuando una persona tose, estornuda, canta, habla o simplemente respira. Las mascarillas y los respiradores, al cubrir nariz, boca y mentón, han demostrado en numerosas investigaciones ralentizar la propagación del virus, siempre que se usen de forma constante, se ajusten correctamente y se coloquen adecuadamente.
Tipos de Mascarillas y su Mecanismo de Acción
Las mascarillas varían en su capacidad de filtración y en su ajuste facial, lo que influye en la facilidad o dificultad para respirar a través de ellas. La eficacia de filtración se basa en el tipo de tela, el tejido, la densidad y, en algunos casos, en una carga electrostática que ayuda a atrapar las partículas virales.

Respiradores (N95, FFP2, KN95)
Estos dispositivos deben cumplir estándares específicos y están diseñados para bloquear casi todas las partículas virales presentes en el aire. Los respiradores aprobados en EE. UU. se denominan N95, en Europa FFP2, y en China KN95. Estos modelos suelen contar con piezas nasales y bandas ajustables para un mejor sellado facial. Muchas mascarillas de este tipo son reutilizables, pero deben ser reemplazadas si se mojan, ensucian o dañan.
Mascarillas Médicas o Quirúrgicas
Las mascarillas médicas, también conocidas como mascarillas quirúrgicas, son holgadas y desechables. Su diseño principal es proteger contra gotas y salpicaduras, como la mucosidad de un estornudo, y filtran partículas grandes presentes en el aire durante la inhalación. Vienen en tamaños para adultos y niños. Para mejorar su ajuste, se recomienda anudar las tiras detrás de las orejas, doblar el material sobrante y presionar la pieza nasal flexible.
La Ciencia Detrás de la Filtración y el Ajuste
La eficacia de una mascarilla para prevenir la transmisión de patógenos respiratorios depende de dos factores cruciales: la capacidad de filtración del material y el ajuste al rostro. Los estudios han revelado que incluso las mascarillas de alta filtración pueden ser ineficaces si dejan espacios por donde el aire puede entrar o salir.
Investigaciones realizadas en Brasil, como la del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo (IF-USP) y el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen), evaluaron la capacidad de filtración y la respirabilidad de una amplia gama de mascarillas. Combinando estos dos parámetros, se calculó un "factor de calidad" (FQ). Los modelos PFF2/N95 obtuvieron una alta capacidad de filtración (98%), seguidos por las mascarillas quirúrgicas (89%) y las de TNT (tela no tejida) SMS (78%). Las mascarillas de algodón mostraron una menor retención de partículas (20-60%), especialmente si tenían costuras.
En términos de respirabilidad, las mascarillas TNT y las quirúrgicas destacaron, mientras que las PFF2/N95 y las de algodón mostraron un índice menor, aunque no hasta el punto de dificultar su uso prolongado. El factor de calidad combinado, comparado con el estándar de la OMS (superior a 3), mostró que los modelos PFF2/N95 (FQ 13,2), quirúrgicas (FQ 15,9) y TNT (FQ 24,9) superaban la recomendación, mientras que las mascarillas caseras de algodón (FQ 1,4) no alcanzaban el umbral. A pesar de estas diferencias, se subraya que "cualquier mascarilla es mejor que ninguna".

Un aspecto fundamental que no siempre se aborda es el ajuste facial. Un buen sellado, logrado con clips nasales y elásticos adecuados, maximiza la retención de partículas al asegurar que el aire circule a través del filtro y no por los bordes. Estudios experimentales han demostrado que la infiltración a través del sellado facial puede ser significativamente mayor que la penetración a través del propio material filtrante, especialmente en mascarillas N95 y quirúrgicas. El movimiento facial y la intensidad de la respiración influyen notablemente en este aspecto.
¿Cómo mejorar el ajuste facial de tu mascarilla?
Evidencia Científica sobre la Eficacia
Numerosos estudios han intentado cuantificar la eficacia de las mascarillas. Una revisión sistemática y meta-análisis de la Universidad de Monash y Edimburgo concluyó que el uso de mascarillas, junto con el distanciamiento social y el lavado de manos, son medidas efectivas para evitar nuevas infecciones por SARS-CoV-2.
Un estudio experimental publicado en la revista PNAS demostró que, a una distancia de 3 metros, una persona no vacunada y sin mascarilla tardaba menos de cinco minutos en infectarse al inhalar la respiración de un portador del virus sin protección. Sin embargo, si ambas personas usaban mascarillas PFF2 (N95) bien ajustadas, la posibilidad de contagio tras 20 minutos de contacto se reducía al 0,1%. Este estudio sugirió que los modelos PFF2 ofrecen una protección hasta 75 veces superior a las mascarillas quirúrgicas, las cuales, usadas adecuadamente, reducen el riesgo de contagio hasta en un 10%.
Otra investigación brasileña, publicada en Aerosol Science and Technology, evaluó 227 mascarillas y confirmó la importancia del uso de estos dispositivos para el control epidemiológico. Los resultados respaldaron la superioridad de las PFF2/N95 en términos de filtración, pero también destacaron la importancia de la respirabilidad para la adherencia al uso.
Un estudio de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) analizó mascarillas utilizadas por pacientes infectados con SARS-CoV-2 y encontró que el patógeno se detectaba principalmente en la capa interna, sugiriendo un bloqueo efectivo de la exhalación del virus. Este hallazgo refuerza la idea de que las mascarillas evitan principalmente la diseminación de la enfermedad por parte de los infectados.

Mascarillas Quirúrgicas y su Rol en la Prevención
Las mascarillas quirúrgicas, aunque no diseñadas para filtrar partículas finas como los respiradores, desempeñan un papel crucial en la prevención de la transmisión. Su principal función es actuar como una barrera física que intercepta las gotículas respiratorias más grandes, que son la principal vía de transmisión en muchas enfermedades respiratorias. Un ensayo clínico que incluyó pacientes con coronavirus estacionales (no SARS-CoV-2) no detectó partículas virales en las muestras de aire exhalado de quienes portaban mascarillas quirúrgicas, en contraste con quienes no las usaban.
Si bien algunos estudios iniciales y retractados generaron dudas sobre la eficacia de las mascarillas quirúrgicas y de algodón para bloquear la dispersión de partículas de SARS-CoV-19 en escenarios de tos activa, investigaciones más recientes y amplias, como la publicada en PLOS ONE y la que se encuentra en revisión en Journal of Hospital Infection, avalan la eficacia de las mascarillas quirúrgicas cuando se combinan con dispositivos de ajuste periférico. Estos dispositivos, como el ADEMA MASK SAFER, han demostrado mejorar la seguridad de filtración hasta un 95%, proporcionando protección bidireccional.
Es fundamental recordar que la eficacia de las mascarillas médicas o quirúrgicas se optimiza con un buen ajuste. Técnicas como anudar las tiras y ajustar la pieza nasal pueden mejorar significativamente su capacidad de barrera.
Uso en Contextos Específicos
Ejercicio Físico
Contrario a algunas preocupaciones, un estudio de la FM-USP patrocinado por la FAPESP demostró que el uso de mascarillas de tela de tres capas no interfiere sustancialmente con la respiración normal ni con la fisiología cardiovascular, incluso durante ejercicios físicos de intensidad moderada a alta. El organismo realiza compensaciones fisiológicas, lo que indica que la mascarilla no es un impedimento para la actividad física.
Entornos Sanitarios y de Cuidados
Las revisiones sistemáticas, como la realizada por Offeddu et al., han evidenciado que el uso continuado de mascarillas (N95 o quirúrgicas) durante el turno de trabajo protege significativamente contra enfermedades respiratorias clínicas autoinformadas y enfermedades similares a la gripe en entornos sanitarios. Si bien la evidencia para virosis confirmadas por laboratorio es menos concluyente, el uso de mascarillas en trabajadores sanitarios expuestos ha mostrado ser protector contra el síndrome respiratorio agudo severo (SARS).
Eventos Masivos
Estudios sobre el uso de mascarillas en eventos masivos han encontrado que su utilización generalizada ofrece un efecto protector contra las infecciones respiratorias. Sin embargo, la eficacia depende del cumplimiento y la disponibilidad de las mascarillas adecuadas.
Consideraciones Importantes y Limitaciones
Es crucial destacar que las mascarillas no son una solución única y deben ser parte de una estrategia integral de prevención. El uso exclusivo de mascarillas no garantiza la protección total si no va acompañado de otras medidas como el distanciamiento social, la ventilación y la higiene de manos.
Además, existen contraindicaciones para el uso de mascarillas: no deben colocarse en personas con dificultad para respirar, inconscientes, que no puedan retirárselas sin ayuda, ni en niños menores de 2 años.
La evidencia científica sobre la eficacia de las mascarillas es un campo en constante evolución. Si bien la mayoría de los estudios apuntan a su beneficio, especialmente cuando se usan correctamente y se combinan con otras medidas, la variabilidad en los diseños de mascarillas, los métodos de prueba y los contextos de uso puede llevar a resultados aparentemente inconsistentes. La investigación continúa para refinar nuestra comprensión de cómo optimizar la protección que ofrecen estos dispositivos.
La eficacia de las mascarillas, especialmente las quirúrgicas, radica en su capacidad para reducir la emisión de gotículas respiratorias y actuar como una barrera física. Su uso generalizado, combinado con otras medidas preventivas, sigue siendo una herramienta esencial para mitigar la propagación de enfermedades respiratorias y proteger la salud pública.
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