La Séquia de Manresa y la Potabilizadora Piedra Santa: Dos Pilares Históricos del Abastecimiento de Agua

La gestión del agua, un recurso vital para la supervivencia y el desarrollo de las civilizaciones, ha sido a lo largo de la historia un desafío constante. En Cataluña, la Séquia de Manresa se erige como un testimonio monumental de la ingeniería medieval, mientras que en las Islas Canarias, la potabilizadora Piedra Santa representa la vanguardia tecnológica en la lucha contra la escasez de agua. Ambas infraestructuras, separadas por siglos y geografía, comparten un objetivo común: garantizar el acceso a agua potable para sus respectivas comunidades.

La Séquia de Manresa: Una Obra Maestra de la Ingeniería Medieval

La Séquia de Manresa, considerada la obra de ingeniería más importante de la Baja Edad Media en Cataluña, es un canal que transporta agua desde el río Llobregat hasta la ciudad de Manresa. Su construcción, que se extendió entre los años 1339 y 1383, es un hito que aún hoy sigue surtiendo de agua potable a aproximadamente 150.000 usuarios. La relevancia histórica de esta obra es tal que, ante conflictos legales entre administraciones, todavía se recurre al permiso real que la ciudad obtuvo a principios del siglo XIV, tras una sequía devastadora, para legitimar su derecho al agua.

El intrincado viaje del agua comienza en la represa de Balsareny o de los Manresanos y culmina 26 kilómetros después a las puertas de Manresa. A lo largo de este recorrido, el canal desciende apenas 10 metros de desnivel de manera paulatina. Para lograr esta hazaña de ingeniería, se emplearon 31 acueductos y varias minas subterráneas, además de más de 70 puentes que permiten cruzar el canal.

Acueducto de la Séquia de Manresa

El nombre del Parc de l’Agulla hace referencia a la piedra con forma de aguja que las aguas de la Séquia encontraban al llegar a Manresa. Esta piedra servía como parteaguas para distribuir el caudal en acequias de menor tamaño destinadas a diversos usos: doméstico, agrícola y, posteriormente, industrial. La balsa de agua situada tras l’agulla, construida en la década de 1960, funciona como un depósito de agua de emergencia con reservas para aproximadamente una semana. Está conectada directamente con la planta potabilizadora local, y su flora acuática actúa como un primer filtro verde, demostrando la continua adaptación de esta infraestructura histórica a las necesidades modernas.

La historia de la Séquia también está marcada por la picaresca y los conflictos derivados de la distribución del agua. Gonçal Portabella, técnico de producto turístico del Parc de la Séquia, relata cómo "la gente se inventó mil y una maneras de robar el agua", mostrando un sifón furtivo utilizado por agricultores para extraer agua sin autorización. Este hecho subraya la importancia y el valor del agua de la Séquia, destinada exclusivamente a los habitantes de Manresa, una cuestión que aún genera tensiones entre administraciones. Cerca del museo, junto a la Font de les Oques, se celebra un mercado semanal donde algunos agricultores, como los de Les Arnaules, siguen beneficiándose de la Séquia como sistema de riego para sus frutas y verduras de temporada.

Mercado de agricultores junto a la Séquia de Manresa

El Camino Natural de La Séquia ofrece una experiencia inmersiva en la historia y el entorno natural de la obra. Este sendero, que discurre en paralelo al canal entre la represa de Balsareny y el Parc de l’Agulla, sigue la ruta que utilizaban los "sequiaires" para el mantenimiento del canal. A lo largo de sus 26 kilómetros, el camino presenta paisajes variados: comienza en un tupido bosque húmedo, serpentea entre campos de cultivo y pasa junto a una imponente montaña de sal. El recorrido completo, que el agua tarda aproximadamente 22 horas en completar, permite apreciar la majestuosidad de la obra y su integración en el paisaje.

Un punto de interés a lo largo del Camino Natural es la iglesia románica de Santa Magdalena de Bell-lloc, una ruina solitaria con la montaña de sal de fondo, que se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados. Este templo da paso a un encantador tramo de bosque de ribera, donde se observa cómo la erosión, a pesar de la lentitud del flujo del agua, ha ido ensanchando el canal a lo largo del tiempo.

El tramo inicial de la Séquia, que discurre en paralelo al río Llobregat, ofrece un paraje distinto, caracterizado por un bosque húmedo con diversas especies de árboles como arces, alisos, fresnos, álamos, avellanos y acebos. Esta zona es también un hábitat para tejones, garduñas y diversas aves como petirrojos, mirlos, carboneros y carpinteros verdes.

La represa de Balsareny o de los Manresanos, con su forma semi elíptica original, ha sido reforzada con hormigón a principios del siglo XXI para garantizar su estabilidad, tras seis siglos de existencia sobre pilones de madera. Esta infraestructura crítica no solo es el punto de captación de agua, sino también un importante refugio de aves. Sobre la represa se alza el castillo de Balsareny, un destacado ejemplo de arquitectura civil gótica con raíces en el siglo X.

La historia de la Séquia está también ligada a leyendas y eventos singulares, como el conflicto con el obispo de Vic, quien poseía molinos en el Llobregat y veía amenazado su caudal por la nueva canalización. Según la leyenda, un misterioso haz de luz y el tañido de las campanas de la ciudad en 1345 convencieron al obispo de levantar su veto, dando lugar a las Festes de la Llum (Fiestas de la Luz) que Manresa celebra anualmente el 21 de febrero.

La Potabilizadora Piedra Santa: La Revolución de la Desalación en Gran Canaria

En contraste con la ingeniería hidráulica de la antigüedad, las Islas Canarias han enfrentado un desafío diametralmente opuesto: la escasez de agua dulce. La solución ha llegado a través de la tecnología de la desalación, y la potabilizadora Piedra Santa en Gran Canaria es un ejemplo emblemático de esta revolución hídrica.

Las dos grandes desaladoras existentes en la capital de Gran Canaria pueden producir hasta 80.000 metros cúbicos diarios, a lo que se suman otros 2.000 de instalaciones privadas que tratan agua salobre de pozos. El resto de la isla cuenta con instalaciones con capacidad para otros 150.000 metros cúbicos. La capacidad total de desalación de agua de mar en Gran Canaria se prevé que alcance los 104 hectómetros cúbicos al año (280.000 metros cúbicos al día), provenientes de una veintena de complejos públicos y privados repartidos por la costa.

La producción real estimada es de unos 72,80 hectómetros cúbicos anuales, lo que representa un coeficiente de utilización del 70%, influenciado por factores como la estacionalidad de la demanda agrícola y los altos costes de explotación de algunas plantas, como la desaladora de Las Palmas de Gran Canaria con tecnología de destilación multietapa.

Gran Canaria lidera el archipiélago en número de desaladoras, con al menos 136 instalaciones de un total de 321 en toda la comunidad autónoma. De estas, 22 son desaladoras de agua de mar, y el resto tratan agua salobre de pozos. Los propietarios abarcan desde instituciones públicas hasta entidades privadas, incluyendo cooperativas agrícolas, complejos industriales, empresas, hoteles e incluso la Armada Española.

Las potabilizadoras de agua de mar, que alimentan la red pública de abastecimiento, se concentran en una quincena de lugares. El complejo de Piedra Santa, ubicado entre el histórico túnel de La Laja y la desembocadura del barranco de Jinámar, alberga tres de estas plantas. Otras ubicaciones importantes incluyen Bocabarranco, Roque Prieto, Punta Camello, Salinetas, Gando, Playa de Vargas, Pozo Izquierdo, Juan Grande, Barranco de Tirajana, Las Burras, Puerto Rico, Anfi Tauro y La Aldea.

Complejo de desaladoras de Piedra Santa, Gran Canaria

Aunque Gran Canaria es la isla más avanzada en desalación, fue Lanzarote la pionera en esta tecnología, debido a las severas carencias de agua que sufrían ambas islas por el aumento de la población. En épocas de sequía, incluso se recurrió a buques cisterna de la Armada Española para garantizar el suministro.

En 1964, la sociedad privada Termolanza encargó la construcción de la primera potabilizadora de Canarias, una unidad de evaporación multietapa con una producción de 2.300 metros cúbicos al día. Existe la posibilidad de que esta planta fuera de segunda mano y utilizada previamente en la base militar norteamericana de Guantánamo.

Ese mismo año, ante el creciente consumo de agua en Las Palmas de Gran Canaria, el Ministerio de Obras Públicas convocó un concurso para la construcción de una planta desaladora. Esta se ubicó en el complejo de Piedra Santa, con un coste de 700 millones de las antiguas pesetas (4,2 millones de euros). La construcción comenzó en 1969 y entró en servicio al año siguiente, siendo la primera potabilizadora de Gran Canaria, denominada Las Palmas I.

La historia de la desalación en Gran Canaria no ha estado exenta de conflictos. Los vecinos de barrios como Tres Palmas y Ciudad Alta protagonizaron protestas en la década de 1980, conocidas como "la guerra del agua", debido a problemas de abastecimiento. Sin embargo, el aumento de la producción gracias a nuevas tecnologías y la entrada en funcionamiento de desaladoras como Las Palmas III en 1992 han convertido estos problemas en historia. Las Palmas III tiene capacidad para producir 65.000 metros cúbicos diarios y Las Palmas IV otros 15.000, sumando el complejo de Piedra Santa una garantía de 114.000 metros cúbicos.

La tecnología de la desalación ha evolucionado significativamente en medio siglo, con la convivencia de sistemas como la ósmosis inversa con recuperación de energía, la ósmosis inversa en dos etapas, la electrodiálisis reversible y plantas de destilación multiefecto avanzadas. Paralelamente, se ha reducido drásticamente la energía necesaria para operar estas plantas. Si en 1975 se necesitaban 22 kilovatios para generar un metro cúbico, en el año 2000 esta cifra se redujo a 2,9 kilovatios.

La fiabilidad de los sistemas de desalación ha aumentado, con una disponibilidad superior al 90%. La vida útil de una potabilizadora es de 20 a 25 años, pero las renovaciones suelen responder a mejoras en el rendimiento energético más que al deterioro de las instalaciones.

Un nuevo avance en el desarrollo de la desalación en Gran Canaria se perfila con el proyecto de la central hidroeléctrica de Chira-Soria. Red Eléctrica de España (REE) planea construir una planta en la costa de Arguineguín para elevar agua de mar hasta las presas de la cumbre, creando un circuito para generar energía eléctrica y almacenarla. El Consejo Insular de Aguas ha solicitado que esta planta tenga una capacidad de 2,7 hectómetros cúbicos anuales, destinando una parte al complejo de Chira-Soria y el resto a los depósitos de los municipios de Tejeda y Artenara, lo que representa una revolución en la garantía del suministro de agua.

Un Legado de Innovación y Adaptación

La Séquia de Manresa y la potabilizadora Piedra Santa, a pesar de sus diferencias temporales y tecnológicas, son testimonios del ingenio humano para superar las limitaciones naturales y garantizar un recurso esencial para la vida. La Séquia representa la sabiduría ancestral en la gestión del agua a través de la ingeniería hidráulica a gran escala, mientras que Piedra Santa simboliza la capacidad de la ciencia moderna para transformar recursos aparentemente inútiles, como el agua de mar, en fuentes de vida. Ambas infraestructuras, y las historias que las rodean, nos recuerdan la importancia fundamental del agua y la perpetua necesidad de innovar y adaptar nuestras soluciones para asegurar su disponibilidad para las generaciones futuras.

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