La llegada del verano en España, marcada por olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, ha reavivado el debate sobre el uso de sistemas de climatización y purificación del aire en hogares y espacios de trabajo. Ante este escenario, la experta farmacéutica Boticaria García arroja luz sobre las ventajas e inconvenientes de aparatos como el aire acondicionado, los ventiladores y, en particular, los filtros HEPA, cuya popularidad se ha disparado en el contexto de la pandemia de COVID-19.
Aire Acondicionado: Aliado o Enemigo Silencioso
El aire acondicionado se presenta como un "aliado indiscutible contra las altas temperaturas", tal y como señala Boticaria García. Sin embargo, la falta de conocimiento sobre su uso óptimo puede acarrear consecuencias negativas para la salud. La recomendación de la experta para la temperatura ideal se sitúa entre los 24 y 26 grados Celsius. Este rango se considera suficiente para proporcionar frescor sin generar un estrés térmico perjudicial para el organismo.
Una de las claves fundamentales para un uso saludable del aire acondicionado reside en el mantenimiento de sus filtros. García enfatiza la importancia de "cambiar o limpiar los filtros según las indicaciones del fabricante". Los filtros sucios, advierte, actúan como vectores de "polvo, ácaros y alérgenos", lo que puede agravar afecciones respiratorias preexistentes como el asma o desencadenar "alergias severas".
Más allá de la limpieza, otro consejo crucial es "evitar dirigir el chorro de aire directamente sobre el cuerpo o la cara". El contacto prolongado con el aire frío puede "resecar las mucosas de las vías respiratorias", provocando irritación en garganta, nariz y ojos. Para las noches, la recomendación es programar el equipo para que funcione un par de horas antes de dormir y luego apagarlo. Asimismo, García subraya la necesidad de "evitar un contraste térmico excesivo al entrar o salir de un espacio refrigerado", sugiriendo una aclimatación gradual.

El Ventilador: Un Complemento con Limitaciones
El ventilador emerge como una alternativa popular, especialmente en ambientes con alta humedad. No obstante, Boticaria García matiza su eficacia: en "condiciones extremas, con temperaturas elevadas y ambientes secos, el ventilador puede actuar más como un secador de la piel y el cuerpo que como un refrigerador". Su principal función es mover el aire, creando una sensación de frescor por evaporación, pero no reduce la temperatura ambiente.
Filtros HEPA y Purificadores de Aire: ¿Una Solución Real Contra los Aerosoles?
La pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve la importancia de la calidad del aire interior y ha impulsado la demanda de purificadores de aire equipados con filtros HEPA. Asociaciones de padres, por ejemplo, han reclamado su instalación en aulas educativas para "evitar los contagios de coronavirus".
Si bien es cierto que estos filtros "pueden favorecer a evitar la transmisión" de virus y otros contaminantes, su eficacia está supeditada a varios factores críticos. Boticaria García advierte que deben estar "homologados, usarse de manera correcta y ser instalados por un experto". Un experimento realizado por la propia García, y que se puede visualizar en un vídeo, demuestra cómo la incorrecta utilización de estos aparatos purificadores puede, paradójicamente, "favorecer a la propagación del COVID-19 entre los presentes en un espacio cerrado".
Uno de los principales problemas radica en que "su filtro HEPA no esté homologado", permitiendo que los virus "puedan expandirse con mayor facilidad". Otro inconveniente surge cuando "la redimensión del aula no se haga de manera correcta", permitiendo que "los virus circulen por todo el espacio, saltando de niño a niño".
Incluso con filtros homologados e instalación experta, García insiste en que "hay que seguir utilizando las mascarillas, mantener la distancia de seguridad y, si es posible, hacer ventilaciones cruzadas con el aire exterior".
Propagación del coronavirus a través de Aerosoles
La Realidad de los Filtros HEPA: Más Allá de la Panacea
En el contexto de la pandemia, el término "aerosoles" ha cobrado una relevancia alarmante, refiriéndose a esas "gotitas respiratorias infectadas que involuntariamente lanzamos a los cuatro vientos mientras hablamos, cantamos o tosemos". En espacios cerrados con poca ventilación y alta concentración de personas, el riesgo de contagio se incrementa exponencialmente. Ante esta situación, muchos recurren a purificadores de aire con filtros HEPA, promocionados en internet como una "panacea tanto para casas como para restaurantes y colegios".
Sin embargo, el Ministerio de Sanidad ha sido claro al respecto: "El uso de filtros por sí solo no garantiza una calidad de aire adecuada, especialmente cuando la ventilación es insuficiente". Lejos de ser "mágicos talismanes salvadores" o "maquinitas milagrosas", su eficacia es limitada y complementaria.
Para que un filtro HEPA sea realmente útil, se deben considerar varios aspectos fundamentales:
- ¿A quién queremos proteger?: Si una persona enferma se encuentra en un espacio cerrado, ningún filtro por sí solo podrá evitar el contagio.
- Tamaño de los espacios a filtrar: La eficacia de un purificador depende del volumen del espacio. No es lo mismo una habitación pequeña que una casa entera, una oficina o una cafetería.
- Efectividad contrastada: Es crucial que el dispositivo cumpla con la norma UNE 1822. Las recomendaciones genéricas en plataformas de venta online o de supuestos profesionales de la salud no garantizan su fiabilidad.
- Ubicación: La correcta instalación es vital. Un purificador mal ubicado solo limpiará una pequeña zona a su alrededor, dejando amplias áreas sin tratar.
- Mantenimiento: Incluso los filtros de alta calidad pierden su eficacia si no se revisan y limpian periódicamente.

Otras Tecnologías de Purificación: Ozono y Luz Ultravioleta UVC
Las luces ultravioletas UVC y los generadores de ozono, a menudo promocionados como soluciones, tampoco escapan al escrutinio. Tanto el Ministerio de Sanidad como la Organización Mundial de la Salud (OMS) "rechazan su uso en ámbitos comerciales y familiares". El ozono, si bien puede ser eficaz en la desinfección de líquidos, es "muy corrosivo, tóxico", su coste es elevado y, en bajas dosis, no inactiva completamente algunos virus. Además, genera riesgos para la salud humana por vía respiratoria, irrita la piel y causa daño ocular.
Las lámparas UVC, por su parte, solo son efectivas a cortas distancias y deben ser manejadas por personal especializado debido a su peligrosidad para el ser humano. Su uso en espacios cerrados, incluso con maquinaria especializada, debe realizarse en ausencia de personas. Las pequeñas lámparas de mercado son consideradas "poco útiles y peligrosas", con la capacidad de dañar ojos, piel e incluso el ADN.
La Ventilación: La Piedra Angular de la Calidad del Aire Interior
Ante las limitaciones de los purificadores y otras tecnologías, la ventilación se erige como "la madre del cordero" y el método más eficaz para garantizar una calidad de aire adecuada, especialmente en la prevención de la transmisión aérea de virus como el SARS-CoV-2.
El Gobierno ha publicado recomendaciones claras sobre el uso de sistemas de climatización y ventilación para prevenir la expansión del COVID-19. El parámetro más importante es la "renovación de aire por ocupante", estableciendo un mínimo de 12,5 litros por segundo y ocupante, incluso en establecimientos comerciales.
Cuando los sistemas de ventilación mecánica son insuficientes o inexistentes, la guía del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico recomienda la "apertura de ventanas accesibles, favoreciendo la ventilación cruzada". Aunque pueda generar cierta incomodidad térmica, esta práctica es fundamental para "bajar las tasas de contaminantes de las estancias". Se aconseja realizar una ventilación regular con ventanas abiertas incluso en edificios con ventilación mecánica.
Medición de la Calidad del Aire: Más Allá de los Sentidos
Determinar si una habitación está adecuadamente ventilada puede ser un desafío. Si bien la ausencia de olores desagradables o la menor incidencia de catarros en invierno pueden ser indicadores, no son medidas precisas.
Para una evaluación objetiva, se recurre a medidores de calidad del aire que monitorizan niveles de CO2. En un espacio abierto, el nivel de CO2 se sitúa en torno a 400 ppm (partes por millón). Una habitación bien ventilada se considera aquella con menos de 800 ppm. Investigaciones sugieren que disminuir el CO2 a 600 ppm puede reducir significativamente el riesgo de contagio.
Estos medidores, disponibles en el mercado, permiten conocer la renovación del aire en tiempo real. Algunos modelos, como los basados en sensores MQ-2 o MQ-135, requieren un proceso de calibración y un conocimiento técnico para interpretar sus lecturas. La complejidad de estos sistemas y su coste pueden ser una barrera, pero la inversión se justifica por la mejora en la seguridad y salud.
Medidas Complementarias y Conclusiones
En conclusión, la lucha contra la propagación de virus y la mejora de la calidad del aire interior requiere un enfoque multifacético. Si bien los filtros HEPA y otros sistemas de purificación pueden ser herramientas complementarias útiles, no deben ser considerados como la solución definitiva. La ventilación adecuada, ya sea natural o mecánica, sigue siendo la estrategia más eficaz.
Además de estas medidas, no debemos olvidar otras prácticas fundamentales como el lavado frecuente de manos, el uso de mascarillas en entornos de riesgo, el mantenimiento de la distancia de seguridad y, en general, la adopción de hábitos de vida saludables que fortalezcan nuestro sistema inmunológico. La concienciación y la aplicación rigurosa de estas medidas son esenciales para crear entornos más seguros y saludables para todos.