Nuestra Señora de la Purificación de Puertomingalvo: Un Legado Histórico y Artístico en Teruel

Puertomingalvo, enclavado en el corazón de la comarca de Gúdar-Javalambre en Teruel, se erige como un bastión del tiempo, un pueblo que no solo ha presenciado el discurrir de los milenios, sino que ha sabido custodiar celosamente su invaluable herencia. A través de estas líneas, emprendemos un viaje por las épocas que han esculpido su identidad, tomando como guía la obra "Notas sobre Puertomingalvo y su Patrimonio" del historiador Javier Solsona Benages.

Castillo de Puertomingalvo

Raíces Profundas: De la Prehistoria a la Romanización

Mucho antes de que el hombre dejara su impronta, estas tierras eran el dominio de seres colosales. Teruel, cuna de extraordinarios hallazgos paleontológicos, ha revelado recientemente un nuevo secreto en las inmediaciones de Puertomingalvo. En 2023, cerca de Mosqueruela, en los aledaños del Mas de Pérez, se descubrió un yacimiento con icnitas (huellas) de dinosaurios carnívoros que poblaron esta región hace 100 millones de años. Este hallazgo, presentado en las XXXVII Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología, se suma a la rica saga de descubrimientos impulsados por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis y el Grupo Aragosaurus, confirmando a Teruel como un epicentro de la paleontología en España.

Entre pinares, sabinas y encinas, la serranía guarda los testimonios de los primeros pobladores. En la cabecera del Barranco de Gisbert, no lejos del Santuario de la Virgen de la Estrella, el arte rupestre levantino, declarado Patrimonio de la UNESCO, nos habla desde la roca. Escenas de caza, figuras humanas armadas con arcos, son la crónica visual de una vida ancestral, un legado que, junto a puntas de flecha y fragmentos de cerámica, evidencia una ocupación humana que se pierde en la noche de los tiempos. Estos vestigios son la primera página de nuestra historia, un vínculo directo con aquellos que nos precedieron.

Hace más de veinticinco siglos, en el levante peninsular, prosperó la enigmática cultura íbera. Un pueblo de guerreros y agricultores, organizados en aldeas fortificadas y con una estructura social fuertemente jerarquizada. La presencia íbera en Puertomingalvo tiene su epicentro en el yacimiento de Los Castillejos. Situado a 1.156 metros de altitud, cerca de la ermita de San Bernabé, este complejo fortificado data del siglo VI a.C. El investigador J. Cabré ya lo destacó a principios del siglo XX como uno de los enclaves íberos más relevantes de Teruel. Excavaciones en 1965 y 1985 sacaron a la luz vestigios de su vida cotidiana y un hallazgo singular: una moneda de bronce, un "Dabaniu" de la serie del jinete, acuñada en la provincia romana Citerior, testimonio del incipiente intercambio comercial. No lejos de allí, un aura de leyenda envuelve a la llamada Piedra de los Sacrificios. La tradición popular susurra que en estas rocas talladas por la mano del hombre se aplacaba a los dioses con ofrendas cruentas. Sin embargo, la ciencia no ha encontrado pruebas que confirmen un uso sacrificial.

Hace dos milenios, bajo la égida de Roma, Puertomingalvo se consolidó como un núcleo próspero y estratégico. Su ubicación era vital para el control del paso del río Mijares y se encontraba en la encrucijada de rutas comerciales que conectaban con dos importantes puertos del Imperio: Saguntum (Sagunto) y Dertosa (Tortosa). Las calzadas empedradas que aún se adivinan en el paisaje son el mudo testigo de un incesante trasiego de mercancías, legiones y viajeros que vertebraron la Hispania romana. La huella más elocuente de la presencia romana se encuentra en una antigua necrópolis, de donde se rescataron diversas estelas funerarias. Entre ellas, destaca por su belleza y su historia la Estela de Sulpicia. Esta pieza de piedra arenisca, cuya original se custodia en el Museo de Teruel y de la que existe una fiel réplica en el pueblo, nos narra una historia concisa pero evocadora. La inscripción latina reza: "Aquí yace Sulpicia, hija de Sexto, de la Ciudad de Edeba, fallecida a los 23 años de edad". Sulpicia, con su nombre de raíz íbera, era hija de un notable de Edeba, ciudad que se cree corresponde a la actual Iglesuela del Cid. Perteneciente a la élite local, su muerte prematura a los 23 años quedó grabada en la piedra, un testimonio conmovedor que trasciende los siglos.

El Eco de la Reconquista y el Dominio Musulmán

A partir del siglo VIII, la llegada de grupos musulmanes transformó la península. Tribus bereberes, procedentes del norte de África, se asentaron en estas tierras y convirtieron a Puertomingalvo en un enclave estratégico de primer orden. Para su defensa, erigieron una imponente muralla de más de quinientos metros de longitud y coronaron el cerro con un castillo, sede del poder político y militar. Aunque los primeros documentos que lo mencionan son del siglo XII, todo indica que ya en el siglo X, el asentamiento estaba fortificado para resistir el avance de los reinos cristianos del norte. El Castillo de Puertomingalvo, con su torre del homenaje de planta pentagonal, su aljibe y sus estancias, fue el corazón de la vida en la frontera.

Fue en este convulso periodo cuando emerge la figura de Abengalbón, un caudillo musulmán que gobernó la Taifa de Molina entre 1110 y 1139. Inmortalizado en el "Cantar de mio Cid" como leal amigo y aliado de Rodrigo Díaz de Vivar en la conquista de Valencia, la tradición cuenta que, a su regreso, este líder impuso su nombre al lugar: el Puerto de Abengalbón, origen del topónimo actual. La historia de Abengalbón es la de un hombre puente entre dos culturas, un defensor de la convivencia cuyo legado pervive no solo aquí, sino también en Benagalvón (Málaga) y en una estatua homenaje en Burgos. Su participación en la batalla de Cutanda en 1120 al lado de las taifas se saldó con una derrota frente a Alfonso I el Batallador, lo que le obligó a abandonar su taifa. Sin embargo, su nombre quedó grabado para siempre en la geografía y en la memoria de este pueblo, como símbolo de una época de alianzas, conflictos y mestizaje cultural.

Murallas árabes de Puertomingalvo

La Reconquista Cristiana y la Configuración de la Villa

Tras la conquista cristiana, atribuida a las huestes de Alfonso II de Aragón en torno a 1169, Puertomingalvo vivió un período de notable inestabilidad jurisdiccional. La Corona de Aragón, en plena expansión, cedió el control de estas tierras fronterizas a terceros. Primero, a la Orden del Temple, que lo gobernó durante 33 años. Luego, en 1202, pasó a manos del Obispado de Zaragoza, dando inicio a un señorío que se prolongaría durante casi siete siglos. La complejidad política de la época se manifiesta en los sorprendentes cambios de soberanía. Por un breve lapso, Sancho VII el Fuerte de Navarra adquirió el señorío de Puertomingalvo y otras villas cercanas, apoyándose en garantías de préstamos. Sin embargo, el Obispo-guerrero de Zaragoza, Sancho de Ahones, recuperó pronto estos dominios para Aragón. Más tarde, los Fueros de Valencia de 1261, promulgados por Jaime I, llegaron a incluir esta franja turolense en sus mapas, generando un agrio conflicto con el Concejo de Teruel. La disputa se resolvió de manera definitiva cuando el obispo Arnaldo de Peralta, para afianzar la pertenencia al territorio aragonés, otorgó a Puertomingalvo su propia Carta de Población en otoño de 1261. Este acto no solo aseguró su adscripción a Aragón, sino que también marcó el inicio de una nueva era, sellada con la creación de su escudo heráldico. En él se representa el báculo y la mano bendiciente del obispado de Zaragoza, junto al león del Reino de Castilla y las barras del Reino de Aragón, un perfecto resumen visual de su compleja y apasionante historia medieval.

Con la consolidación del dominio cristiano, Puertomingalvo experimentó una profunda transformación. La fe se materializó en piedra, con la edificación de ermitas, iglesias y conventos, mientras el poder civil dejaba su propia impronta. El ejemplo más soberbio es la Casa Consistorial, una joya del gótico civil aragonés del siglo XIV. Más que un simple ayuntamiento, este edificio polifuncional albergaba la lonja para transacciones comerciales, la prisión con sus mazmorras y la sala para la administración de justicia. Hoy, sus muros acogen el Centro de Interpretación de Castillos del Maestrazgo, manteniendo vivo su espíritu como epicentro de la vida local. La devoción popular floreció en templos como la ermita gótica de Santa Bárbara (siglo XIV), que originalmente custodió un magnífico retablo del maestro Gonzal Peris, hoy exhibido en el Museu Nacional d'Art de Catalunya. A su vez, la ermita de San Bernabé (siglo XVI) no solo fue un centro de culto, sino también una escuela rural para los niños de las masías circundantes, y sigue siendo el corazón de la romería anual en honor al patrón. El poderío de la época también se refleja en la arquitectura defensiva, como la Masía Fortificada o Torre Pintada, una robusta construcción que es testimonio de la riqueza de la villa.

El Declive del Castillo y el Esplendor Barroco

Durante centurias, el castillo de Puertomingalvo fue un bastión inexpugnable, un centinela de piedra en la volátil frontera entre Aragón y Valencia. Sin embargo, la paulatina pacificación de los reinos peninsulares le restó su función militar. Las fortalezas fronterizas, antes vitales, se volvieron innecesarias, condenadas al abandono y al olvido. El castillo, que un día resonó con el fragor de las armas, comenzó a sumirse en el silencio. Un documento notarial de 1532, redactado durante una visita de funcionarios del obispado de Zaragoza, nos ofrece un retrato desolador de su estado. El inventario de los bienes encontrados es igualmente melancólico: cuatro ballestas, un torno para armarlas, dos escopetas tipo arcabuz sin sus complementos y dos escudos viejos. Los graneros y la bodega, con sus cubas dañadas, hablan de un pasado productivo ya lejano. Este documento es la crónica de un declive imparable. Muestra un castillo que ya no era un hogar ni una defensa, sino un esqueleto de piedra abandonado a su suerte. Con el correr de los años, la fortaleza perdió su última función simbólica y sus muros, que un día protegieron la vida, acabaron acogiendo a los muertos, convirtiéndose en el cementerio del pueblo. El ocaso del castillo era un reflejo del fin de una era.

El siglo XVIII marcó la cúspide del esplendor de Puertomingalvo, un auge cimentado en la producción y exportación de lana de altísima calidad. Las fértiles tierras de pasto y la pericia de los ganaderos locales generaron una riqueza que transformó el pueblo. Poderosas familias controlaban el comercio de la lana, que viajaba a través del puerto de Tortosa hacia los mercados de Italia y los Países Bajos, atrayendo prosperidad, aumentando la población y financiando la construcción de nuevos y magníficos edificios. El mayor exponente de esta bonanza es la monumental iglesia de la Purificación y San Blas, erigida entre 1721 y 1739. Con sus 1.600 metros cuadrados, esta imponente fábrica de estilo barroco tardío y estructura de tipo salón, típica de Aragón, fue un proyecto titánico que demostró la fe y el poderío económico de la comunidad. Su interior, decorado con pinturas neoclásicas, y su esbelto campanario coronado por una cúpula de sillería, eran una afirmación del poder del obispado de Zaragoza frente a las nuevas ideas de la Ilustración.

ANIÑÓN, ZARAGOZA

La nave central y los brazos del crucero de la iglesia se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos, las naves laterales con bóvedas vaídas, al igual que las dos sacristías simétricas. Presenta además, coro alto a los pies y la torre de cantería fechada en 1736, se sitúa también a los pies, en el lado de la epístola. Al exterior, en el lado de la Epístola, se encuentra el pórtico de acceso formado por tres esbeltos arcos de medio punto sobre pilares, que aloja en su interior la portada adintelada, y realizada en piedra.

Trágicamente, la Guerra Civil causó estragos en su patrimonio, destruyendo el órgano y el retablo mayor, y forzando la venta de otras joyas artísticas. El retablo de Los Gozos de la Virgen, obra del siglo XV del pintor Gonçal Peris Sarriá, representante del Gótico valenciano, fue vendido en 1932 por el párroco. Pocos vecinos recordarán haber visto esta obra que presidía el oratorio del Hospicio Poma, una institución benéfico-asistencial creada en 1430 por el matrimonio Poma-Nadal. Tras una investigación de unos vecinos, se localizó en el Museo Nelson-Atkins de Kansas (EEUU). 87 años después ha vuelto al templo, eso sí, en forma de vinilo, casi a tamaño real. Javier Solsona, presidente de la Asociación Cultural Ben-Galvón de Puertomingalvo, lideró esta iniciativa. Gracias a la colaboración de un amigo y a la revista especializada, Solsona comenzó a atar cabos. La obra, de témpera y pan de oro sobre tabla de madera, fue trasladada a la iglesia parroquial y en 1932 el párroco la vendió ante el temor de que se perdiera en aquellos tiempos revueltos. El marchante balear José Costa fue el primero en adquirirlo, según las investigaciones de Solsona, y este a su vez lo vendió al empresario catalán Rómulo Bosch i Catarineu. Ese mismo año, 1932, fue adquirido por el Museo de Arte Nelson-Atkins.

Imposible recuperar la obra original, el siguiente paso fue la reproducción. Tras ponerse en contacto con el responsable del Museo, este accedió a enviar una foto con mucha resolución a partir de la cual se pudo encargar esta reproducción, en cinco piezas, que han sido colocadas en la iglesia. Rehacer el camino del retablo desde Puertomingalvo en 1932 hasta su actual emplazamiento ha llevado dos años, contando la instalación del vinilo. Encargaron la pieza, de alrededor de 3x4 metros, en un total de cinco tramos que fueron montando cuidadosamente gracias al trabajo voluntario y a la aportación y la colaboración del Ayuntamiento, de la propia parroquia y de la cofradía de San Antonio Abad. Tras el montaje del andamio, los voluntarios, mediante un trabajo meticuloso, han logrado que el retablo de los Gozos de la Virgen vuelva a la iglesia en la que estuvo durante siglos, aunque sea de una manera virtual.

El Siglo XIX y la Integración en el Parque Cultural del Maestrazgo

El siglo XIX trajo consigo el estruendo de las Guerras Carlistas. El Maestrazgo, una vasta comarca montañosa de profundas convicciones tradicionalistas, se convirtió en el principal bastión del carlismo. Puertomingalvo, con su castillo y sus murallas, recuperó su importancia estratégica y se convirtió en una plaza fuerte inexpugnable, resistiendo durante años los embates del ejército liberal. Hoy, aunque administrativamente pertenece a la comarca de Gúdar-Javalambre, el pueblo forma parte del Parque Cultural del Maestrazgo, conservando el carácter recio y el espíritu de lucha forjado en aquellos tiempos.

Paisaje del Parque Cultural del Maestrazgo

Puertomingalvo forma parte del Parque Cultural del Maestrazgo, por su interés turístico basado en la importancia de su pasado histórico y su entorno natural plagado de parajes como la fuente de la Ombría. Su imponente castillo y la muralla árabe son cicatrices de batallas y conquistas, mientras que el ayuntamiento, joya del gótico aragonés, y la iglesia barroca, reflejan la fe y el esplendor artístico de sus gentes. Este tesoro patrimonial fue reconocido en 1982 con la declaración de Bien de Interés Cultural, y en 2013, el pueblo se integró en la prestigiosa asociación de Los Pueblos más Bonitos de España. Puertomingalvo no es solo un destino; es una inmersión en la esencia de Aragón, un viaje en el tiempo donde la historia cobra vida.

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