Las islas volcánicas, con sus paisajes dramáticos y ecosistemas únicos, han sido durante mucho tiempo un imán para la admiración humana y la investigación científica. Lanzarote, en las Islas Canarias, y Santorini, en el mar Egeo, son dos ejemplos paradigmáticos de cómo la actividad geológica ha moldeado no solo el terreno, sino también la vida y la cultura de sus habitantes. Ambas islas comparten una historia de orígenes volcánicos turbulentos, una geografía desafiante y, de manera crucial, una lucha constante por uno de los recursos más vitales: el agua. Este artículo explorará las características distintivas de estas dos islas, su patrimonio cultural y natural, y cómo han abordado el desafío de la escasez de agua, especialmente a través de tecnologías como la desalinización, un factor clave para su sostenibilidad y desarrollo.
Lanzarote: Un Lienzo Volcánico y un Legado de Sostenibilidad
Desde el avión, Lanzarote empieza a destapar sus cartas. Una cadena de ocres volcanes, esbeltos como jorobas de dromedario, surca la isla. Cuando la nave ronda el aeropuerto, apreciamos las casas blancas, sobrias y de líneas puras, entre una retícula de muros oscuros que resguardan las parcelas de tierra del viento. Esta descripción inicial ya nos sumerge en la esencia de Lanzarote, una isla que ha sabido fusionar su singular paisaje volcánico con una visión pionera en sostenibilidad.

Cada isla canaria es diferente, pero la más fácil de identificar es Lanzarote, tanto por su singular paisaje volcánico como por haber sido pionera a la hora de preservarlo. A diferencia de Gran Canaria y Tenerife, que superan los 500 habitantes por km², Lanzarote presenta una densidad poblacional más moderada, lo que ha facilitado la conservación de su entorno. La isla se caracteriza por una geografía despojada de cuanto no sea esencial, a medio camino entre el desierto y un jardín zen de grava rastrillada. Encontramos en él rocas de formas casi escultóricas, y cada planta atrae la atención por sí misma, emergiendo, viva y solitaria, en un suelo de arena o cenizas donde la maleza brilla por su ausencia. Salvo en el magno anfiteatro que es el Risco de Famara, Lanzarote despliega un paisaje relajante, exento de contrastes o grandes obstáculos. Es fácil seguir el arco del sol desde el alba hasta el ocaso sin que nada se interponga en el horizonte.
La estética lanzaroteña abarca también las construcciones humanas. Su impulsor más notorio fue César Manrique, quien en 1966 renunció al ambiente artístico de Nueva York, «cansado de tanta invitación», para volver a su tierra, anhelando el sosiego de la isla y la luminosidad de sus paisajes. Hacía un año que se había puesto en marcha en Lanzarote la primera desalinizadora de Europa, y eso alentaba la esperanza de aliviar la penuria económica. Las decisiones que se tomaron entonces fueron casi visionarias: conservar y potenciar la arquitectura tradicional, que debía inspirar las nuevas construcciones, incluidas las hoteleras, y adecuar los espacios naturales más emblemáticos con intervenciones mínimas y muy bien integradas en la naturaleza. El paisaje quedó libre de carteles y las líneas eléctricas se soterraron. El turismo se concentró en dos núcleos, Puerto del Carmen y Costa Teguise, alejado de los pueblos tradicionales. Ese modelo resultó tan acertado que murió de éxito: medio mundo quería conocer esa isla tan especial. Hoy Lanzarote recibe cerca de tres millones de turistas al año y ha multiplicado por cinco su población.
La influencia de Manrique se manifiesta en obras como su primera casa, sede de su futura fundación, construida a partir de cinco grandes burbujas en la lava, creando espacios fascinantes comunicados entre sí, basándose en los principios de los majos, los primeros habitantes de la isla, que abrían habitáculos en oquedades y túneles en la lava. Cerca de allí, el Monumento al Campesino rinde homenaje a los héroes anónimos de la isla. El agricultor lanzaroteño tuvo que convivir con la sequía, los vientos o las erupciones, pero se las ingenió para acrecentar la fertilidad de la tierra. Despedregando los campos sin maquinaria, acarreando ingentes cantidades de ceniza volcánica para mejorar los suelos, guareciendo los cultivos del viento con setos de piedra o paja, canalizando las aguas el día que fluían… Su abnegada labor es ya historia, pues la agricultura resulta cada vez menos rentable en Lanzarote, pero buena parte del paisaje que vemos no era así hace décadas. Miles de parras y frutales crecían en los mejores terrenos, junto a nutritivas legumbres, papas, cebollas, boniatos, calabazas, tomates o sandías.
El vulcanismo reciente en Lanzarote presenta dos polos, uno al norte y otro al sur. La esbelta Montaña de la Corona domina la zona septentrional y se gestó hace 21.000 años. Diversos túneles surcan ese malpaís, siendo el más famoso el que alberga la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua. Este espacio natural y centro de arte, inaugurado en 1966, fue la primera obra de Manrique y posee un auditorio subterráneo para 500 espectadores. Las cuevas volcánicas, creadas por el flujo de lava bajo una costra solidificada, son una maravilla geológica. A Manrique le gustaba decir que los Jameos del Agua eran el mejor night club del mundo. En su tentadora piscina sin ángulos rectos, el baño está prohibido, como en la del islote de Fermina, en Arrecife. Estas piscinas, pintadas de blanco mate, parecen el capricho de un alfarero destinado a acoger el agua azul. Y así como en los Jameos del Agua habita un cangrejito ciego endémico de Lanzarote, en torno a estas piscinas de nuevo cuño prolifera un espécimen desconocido hace décadas en la isla.
A solo 11 km de los Jameos del Agua se halla el Mirador del Río, la más septentrional de la decena de atalayas que puntean el vertiginoso Risco de Famara. Camuflada a 480 m de altitud, esta obra de Manrique ofrece magníficas vistas del archipiélago Chinijo, con La Graciosa declarada en 2018 la octava isla canaria. El brazo de mar que separa La Graciosa de Lanzarote se llama El Río, y lo atraviesan los ferris que parten de Órzola, un pueblo donde el Caletón Blanco, con sus calas de arena rubia bordeadas de negra lava, enamora a los bañistas.

El parque nacional de Timanfaya es un testimonio impactante de la fuerza volcánica. El 1 de septiembre de 1730, la tierra se abrió en Timanfaya, y una enorme montaña se levantó de su seno. Así describe el párroco Lorenzo Curbelo la erupción que enterró nueve pueblos, se prolongó durante seis años y cubrió de lava las tierras más fértiles de la isla. En 1824, una nueva erupción provocó una gran hambruna. Desde 1974, un parque nacional protege los volcanes de Timanfaya. Por él surca una pista que recorren autobuses, permitiendo contemplar un paisaje recién creado, en el que líquenes y plantas arraigan aprovechando el mínimo atisbo de humedad. La tierra exhibe un fascinante manto de texturas y colores, del ocre al negro, con un repertorio de granates y rojos. Es un jardín mineral, inmaculado, donde cada roca, cada fisura, cada bomba y cada colada volcánica parecen emplazadas en el sitio justo.
Para recuperar los valiosos terrenos agrícolas que sepultaron las cenizas volcánicas en Timanfaya, los aldeanos cavaron en el rofe durante décadas hoyos de forma cónica hasta dar con el suelo fértil que había en la base. Esos grandes embudos, con una medialuna de piedras arriba que los resguarda todavía más del viento, caracterizan el paisaje de La Geria. Los dromedarios, traídos de África para ayudar en las labores agrícolas, hoy pasean turistas en el Macizo del Fuego.
El pasado histórico de Lanzarote también está marcado por la interacción con otras culturas. En el siglo XIV, el pueblo majo sufrió varias razias esclavistas. A cambio de protección, en 1402 los aventureros normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle pactaron con el jefe Guadarfía construir un castillo. Maciot de Bethencourt instaló su corte en el centro de Lanzarote y llamó al lugar Teguise, el nombre de su esposa, la hija de Guadarfía. Hasta 1847, esa fue la capital de la isla. Más al sur se halla el poblado de Zonzamas, el mayor yacimiento arqueológico de Lanzarote. Pero de poco sirvió en 1586, cuando el corsario Murat Reis atacó Teguise y tomó trescientos cautivos. Hoy alberga el Museo de la Piratería. Al pasear por Teguise, ese pasado se difumina. Todo respira calma: las blancas casas coloniales con aristas de basalto desnudo, la carpintería de puertas y balcones pintada de verde, las calles adoquinadas sin tráfico…
La importancia del agua en Lanzarote es tal que la isla ha sido pionera en soluciones. La primera desalinizadora de Europa se puso en marcha aquí hace décadas, y hoy son cuatro las plantas que garantizan el suministro. Esta apuesta por la desalinización ha sido fundamental para sostener la vida y el desarrollo turístico en una isla con escasos recursos hídricos naturales.
Santorini: La Joya Volcánica del Egeo y la Gestión del Agua
Santorini, o Thera en griego, es un pequeño archipiélago circular formado por islas volcánicas, ubicado en el sur del mar Egeo. Su nombre actual, de origen italiano, se debe a los mercaderes venecianos medievales que la llamaron Santa Irene. Santorini es, en esencia, lo que queda de una enorme explosión volcánica que destruyó los primeros asentamientos existentes, haciendo desaparecer gran parte del territorio de la antigua isla y provocando la creación de la caldera geológica actual. Su espectacular belleza, junto con una animada vida nocturna, la han convertido en uno de los principales destinos turísticos de Europa.

Las construcciones en Santorini tienen un aspecto oriental, con casas blancas y marcos de ventanas y puertas en azul, un reflejo de su identidad mediterránea. Una gigantesca laguna central, más o menos ovalada, de unos 12 km de longitud y 7 km de anchura, está rodeada por tres lados por altos acantilados de unos 300 metros de altura. Las pendientes de la isla descienden desde lo alto del acantilado hasta el circundante mar Egeo. En el cuarto lado, la laguna está separada del mar por una isla mucho más pequeña llamada Thirasia. La laguna se une al mar por dos sitios, al noroeste y al sudoeste. Las aguas en el centro de la laguna tienen una profundidad de unos 400 metros, haciendo posible la navegación de todo tipo de buques.
Santorini es el centro volcánico más activo del arco volcánico del sur del Egeo. En la isla tuvo lugar una de las mayores erupciones volcánicas de la prehistoria reciente, la cual ocurrió hace aproximadamente 3500 años, situándose investigaciones recientes tal fecha en el año 1627 a. C. La erupción dejó una enorme caldera rodeada por depósitos de ceniza volcánica y, según algunas teorías, pudo haber causado indirectamente el colapso de la civilización minoica de la isla de Creta. Algunas teorías sostienen que la erupción de Thera pudo ser la inspiración principal para la leyenda de la Atlántida.
El agua dulce es un bien escaso y precioso en esta isla semi desértica, ya que tiene muy pocas reservas y ninguna fuente natural. Hasta el siglo XIX, los habitantes recuperaban en cisternas el agua de lluvia caída sobre los techos. En la actualidad, una planta de desalinización de agua de mar produce la parte fundamental del agua corriente, ahora potable. El clima en la isla se clasifica como Bsh, con una temperatura media de 18.8 °C y aridez debido a las escasas precipitaciones anuales. El viento en la isla sopla en ocasiones con fuerza, conocido en la zona como viento Etesio, especialmente desde mediados de mayo hasta mediados de septiembre.
La caldera de Santorini se compone de la superposición de volcanes, cortados por al menos cuatro calderas parcialmente superpuestas. La caldera actual se formó alrededor del 1600 a. C. durante la erupción minoica. Su última erupción fue en 1950, y ahora tiene actividad sólo a través de fumarolas. La enorme erupción minoica de Santorini en el siglo XVII a. C. fue de un tipo similar a la de Krakatoa de 1883. Como efecto de la explosión, la isla perdió buena parte de su superficie, y se puso en marcha un maremoto que asoló el Mediterráneo Oriental, provocando una grave crisis de la civilización minoica de Creta.
La erupción que DESTRUYO Santorini | Documental
La pobreza del suelo cubierto de una gruesa capa de cenizas y su acidez sólo permite algunos cultivos de una variedad específica y muy antigua de vid, el Assyrtiko. Creciendo incluso en el suelo sin ningún poste de sujeción, las vides se espacian más que en todas las otras partes debido a la sequía del suelo (su principal fuente de agua es la del rocío y la bruma marina). Las ramas solamente están dispuestas en anillo espiral, y los manojos cuelgan en el centro al refugio del viento. Esto da un vino muy apreciado, muy seco, de acidez pronunciada, comparable al Visanto y con aromas a limón.
Santorini es uno de los cinco volcanes elegidos por la Unión Europea para centrar un proyecto de estudio vulcanológico. En 1967 se emprendieron excavaciones sistemáticas, que revelaron que la isla había sido sede de una sociedad rica y desarrollada, culturalmente muy relacionada con la civilización minoica. Los frescos de Akrotiri, como los de los "niño-boxeadores", del "pescador" y de los "monos azules", son testigos de esta civilización que se remonta al segundo milenio antes de nuestra era.
A principios de febrero de 2025, Santorini sufrió varios terremotos, evento conocido como "enjambre sísmico". Se produjeron cientos de temblores en el mar Egeo, algunos de ellos de magnitud 5. Aunque los expertos determinaron que los terremotos eran de naturaleza tectónica en lugar de volcánica, el patrón y la frecuencia de la actividad sísmica provocaron una gran preocupación entre los científicos y las autoridades.
El archipiélago de Santorini y su isla principal son accesibles por buques de todo calado. Los pueblos situados sobre el acantilado (Fira, Oia) disponen cada uno de un pequeño puerto en la caldera a los cuales se conectan por un camino escarpado o por un pequeño teleférico en Fira. Un servicio de autocares permite conectar los distintos pueblos.
Desalinización: Un Pilar para la Supervivencia Insular
Tanto Lanzarote como Santorini, a pesar de sus diferencias geográficas y culturales, comparten un desafío fundamental: la escasez de agua dulce. La dependencia de la lluvia, escasa en ambas islas, y la ausencia de fuentes naturales significativas, han impulsado la búsqueda de soluciones innovadoras. La desalinización, la tecnología que permite obtener agua potable a partir del agua de mar, se ha convertido en un pilar esencial para la supervivencia y el desarrollo de estas comunidades insulares.

En Lanzarote, la implementación de la primera desalinizadora de Europa sentó un precedente. Hoy, con cuatro plantas operativas, la isla ha logrado no solo abastecer a su creciente población y al sector turístico, sino también garantizar un suministro más resiliente ante las sequías. La inversión continua en esta tecnología ha sido crucial para mantener la calidad de vida y la viabilidad económica de la isla, demostrando que la innovación puede superar las limitaciones geográficas.
Santorini, por su parte, ha seguido un camino similar. La transición de la recolección de agua de lluvia a la producción a gran escala mediante desalinización ha sido fundamental para satisfacer la demanda de una isla que atrae a millones de turistas cada año. Esta tecnología no solo asegura el suministro de agua potable, sino que también contribuye a la preservación de los acuíferos naturales, que son limitados y vulnerables.
La desalinización, aunque energéticamente intensiva, representa una solución vital para las regiones insulares y áridas de todo el mundo. El desarrollo de tecnologías más eficientes y el uso de energías renovables para alimentar estas plantas son pasos cruciales para garantizar su sostenibilidad a largo plazo. El caso de Lanzarote y Santorini subraya la importancia de la adaptación y la innovación tecnológica frente a los desafíos ambientales, posicionando a la desalinización como un componente indispensable en la estrategia de sostenibilidad de las islas.
La historia de estas dos islas volcánicas nos enseña sobre la resiliencia, la adaptación y la profunda conexión entre el ser humano y su entorno. Han transformado paisajes de aparente aridez en destinos vibrantes, no solo a través de la preservación de su patrimonio natural y cultural, sino también mediante la adopción de soluciones audaces para asegurar la disponibilidad de recursos esenciales como el agua. La estética lanzaroteña, marcada por la sobriedad y la integración en la naturaleza, y la dramática belleza de Santorini, forjada por la furia volcánica, son testimonios de cómo la vida florece incluso en las condiciones más desafiantes, siempre y cuando se combine la sabiduría ancestral con la vanguardia tecnológica.
tags: #poblados #desalinizacion #roma