Las riberas, esas zonas a menudo olvidadas en el desarrollo urbanístico, están experimentando una transformación silenciosa pero fundamental gracias a la inversión en infraestructuras de saneamiento y depuración de aguas residuales. Lejos de los grandes proyectos metropolitanos, son los pequeños municipios los que están liderando un cambio crucial hacia la sostenibilidad ambiental y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. En los últimos cuatro años, el Gobierno de Navarra, a través de la sociedad pública Navarra de Infraestructuras Locales S.A. (NILSA), ha destinado más de 10 millones de euros a la construcción de 23 nuevas depuradoras en localidades con menos de 200 habitantes. Estas actuaciones se enmarcan en el ambicioso plan de NILSA para dotar de sistemas de saneamiento de las aguas residuales más completos a los pequeños núcleos urbanos que, hasta ahora, dependían exclusivamente de fosas sépticas. El objetivo es doble: mejorar el servicio que reciben estos habitantes y minimizar el impacto sobre el medio ambiente, un desafío cada vez más apremiante en un contexto de cambio climático y creciente conciencia ecológica.

De las Fosas Sépticas a la Depuración Avanzada: Un Salto Cualitativo
Históricamente, las fosas sépticas han sido la solución predominante para el tratamiento de residuos en poblaciones de muy baja densidad, generalmente por debajo de los 30 habitantes. Si bien cumplen una función básica de separación de sólidos y digestión anaerobia parcial, su capacidad de tratamiento es limitada y su impacto ambiental, si no se gestionan adecuadamente, puede ser significativo. El agua tratada en una fosa séptica, aunque con una carga contaminante reducida, aún puede contener nutrientes y patógenos que, al ser vertidos a cauces de agua, afectan negativamente a los ecosistemas acuáticos y a la salud pública.
La transición hacia depuradoras de aguas residuales (EDAR) representa un salto cualitativo en la gestión de las aguas residuales. Estos sistemas, incluso en sus versiones más compactas y adaptadas a núcleos pequeños, ofrecen un tratamiento más completo y eficiente. En Navarra, esta apuesta por la depuración avanzada es palpable: el 98,6% de las aguas residuales de la comunidad se tratan ya con sistemas biológicos, mientras que tan solo el 1,4% restante aún depende de fosas sépticas. Esta cifra subraya el compromiso de la región con la mejora de sus infraestructuras hídricas.
Tratamiento de Aguas por Método de Lodos Activados
Casos de Éxito: Pequeños Municipios, Grandes Soluciones
La estrategia de NILSA se ha materializado en proyectos concretos que ejemplifican la viabilidad y eficacia de la depuración en pequeñas localidades. La nueva depuradora de Ujué, finalizada este año, es un claro ejemplo. Con una población de 182 habitantes, este enclave turístico de la Zona Media, conocido por su significativa actividad hostelera, turística y cultural, necesitaba una solución de saneamiento robusta. El proyecto, con un coste superior a los 900.000 euros, ha permitido construir una depuradora en el sur del municipio, conectada mediante dos emisarios que recogen los vertidos de las zonas este y oeste. El sistema de depuración de Ujué combina un lecho bacteriano con un humedal final de control, capaz de tratar un caudal medio de 1,11 litros por segundo y con una capacidad máxima de hasta 7,74 litros por segundo. Esta solución, diseñada a medida para las necesidades de Ujué, garantiza un tratamiento de alta calidad para sus aguas residuales, preservando el entorno natural y la experiencia de sus visitantes.
Otro caso inspirador es el de Villanueva de Aezkoa, un municipio pirenaico de 115 habitantes y una extensión de 21 kilómetros cuadrados. Ante las particularidades geográficas y la baja densidad de población, se optó por una estación depuradora que destacara por su robustez, bajo mantenimiento y, en la medida de lo posible, funcionamiento sin energía eléctrica. La planta de Villanueva de Aezkoa incorpora un tanque Imhoff, que distribuye el agua mediante un balancín, eliminando así la necesidad de elementos electromecánicos. Este sistema permite una decantación primaria y secundaria, seguida de un humedal final de retención y seguridad. El mantenimiento de la estación se realiza mediante visitas técnicas regulares, centradas en la supervisión de tanques, la comprobación de posibles atascos, el control de niveles de fangos y flotantes, y la limpieza general y jardinería.
En el Valle de Unciti, la localidad de Zoroquiain ha experimentado una notable revitalización, no solo en su aspecto urbanístico con la rehabilitación de antiguas edificaciones, sino también en su infraestructura de saneamiento. Con una inversión de 100.000 euros, se ha sustituido el antiguo y deficiente sistema de tres fosas sépticas individuales por una nueva depuradora. Diseñada para hacer frente a las demandas actuales y futuras de sus aproximadamente 40 habitantes, la nueva instalación representa un avance significativo en la mejora de la salubridad y la protección ambiental de la zona.
La localidad de Urdax ha visto también cómo su sistema de saneamiento se modernizaba. Anteriormente, una fosa séptica que recibía gran cantidad de aguas pluviales y a menudo colapsaba su capacidad de almacenamiento, fue reemplazada por una nueva instalación puesta en servicio en 2019. Ubicada en el paraje “Komentuko Borda”, la nueva planta bombea vertidos del barrio Hiribere y del núcleo urbano de Urdax, mientras que Leorlas se conecta mediante un sifón. Este proyecto conjunto, que surgió hace más de una década, ha permitido una gestión integral y más eficiente de las aguas residuales.
Incluso en núcleos de población extremadamente pequeños, la depuración es una realidad. Meoz, uno de los lugares habitados de Lónguida con tan solo 20 habitantes censados, cuenta con una estación depuradora de tres etapas: decantación, filtro y humedal. A pesar de no presentar actividad industrial significativa, la presencia de segundas residencias multiplica su población en periodos vacacionales, haciendo necesaria una solución de tratamiento de aguas avanzada. La depuradora de Meoz, que incluye emisarios de entrada y salida, y un humedal artificial dividido en dos áreas de 25 metros cuadrados cada una y 80 centímetros de profundidad, es un ejemplo de la implantación del sistema de depuración en tres etapas en localidades de menos de 200 habitantes. El caudal medio diario previsto es de 0,60 litros por segundo, equivalente a 52 metros cúbicos diarios, con una capacidad máxima admisible de 4,17 litros por segundo, una cifra que rara vez se alcanza. El mantenimiento se realiza dos veces al mes por personal de NILSA, centrado en la vigilancia de atascos, vertidos ajenos y niveles de fango y flotantes. Las muestras de agua se toman semestralmente para asegurar que la calidad del agua tratada cumple con la normativa. El coste del proyecto fue de 275.011 euros, financiado con el canon de saneamiento y enmarcado en el Plan Director del Ciclo Integral de Agua de Uso Urbano 2019-2030.
El caso de Unzué, que contaba con una fosa séptica antes de la construcción de su nueva depuradora, es otro ejemplo de la inversión continua. Presentada en 2021, la nueva instalación, más completa y técnicamente compleja, garantiza un tratamiento exhaustivo del agua residual. Ubicada en la ribera izquierda del Artusia, en el mismo lugar que la antigua fosa, tiene capacidad para 310 habitantes equivalentes. La planta recibe vertidos de dos emisarios, uno del norte y otro del sur, que han sido mantenidos y ligeramente modificados para incorporar un nuevo tanque Imhoff y un filtro. Este filtro distribuye el agua sobre un lecho de piedras con un sistema mecánico de balancín, que actúa como elemento limpiador sin necesidad de energía eléctrica, reduciendo así los costes de mantenimiento. Finalmente, el agua pasa por un humedal artificial de 129 metros cuadrados y 80 centímetros de profundidad. El caudal medio diario estimado es de 0,60 litros por segundo, 52 metros cúbicos diarios. El mantenimiento por parte del personal de NILSA se realiza dos veces al mes, y las muestras de agua semestrales verifican la calidad del agua tratada. El coste del proyecto, 275.011 euros, se ha financiado con el canon de saneamiento y forma parte del Plan Director del Ciclo Integral de Agua de Uso Urbano 2019-2030. El trabajo conjunto entre NILSA y las entidades locales es fundamental para la gestión sostenible del agua y la lucha contra la despoblación rural.
La Depuración como Pilar de la Sostenibilidad Ambiental y Territorial
La inversión en depuradoras de aguas residuales, especialmente en núcleos de población pequeños, no es solo una cuestión de cumplimiento normativo o de mejora de la calidad de vida, sino una estrategia fundamental para la sostenibilidad ambiental y el desarrollo territorial. Al tratar adecuadamente las aguas residuales, se protege la salud de los ecosistemas acuáticos, se previene la contaminación de acuíferos y se contribuye a la preservación de la biodiversidad. La directiva europea 91/271 sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas establece estándares rigurosos que deben cumplirse para garantizar la protección del medio ambiente.
En la provincia de Valladolid, se han realizado importantes inversiones para cumplir con esta directiva. La estación depuradora de La Seca, con una inversión de 1.297.301,45 €, tiene capacidad para tratar un caudal medio de 440 m³/día, dando servicio a una población objetivo de 3.000 habitantes equivalentes. Esta actuación responde al compromiso de la Administración regional de apoyar a las corporaciones locales en inversiones en infraestructuras de abastecimiento y depuración. En Valladolid, 15 depuradoras están en funcionamiento o en proceso de puesta en marcha, permitiendo depurar más de 900.000 habitantes-equivalentes. Si se incluyen las depuradoras en construcción, este porcentaje se acerca al 93%, con una inversión de casi 17 millones de euros, financiada al 100% por la Junta de Castilla y León. El II Plan Nacional de Calidad de las Aguas de Castilla y León contempla una inversión de 1.055 millones de euros, de los cuales 712 serán financiados por la Junta. La inversión prevista en la provincia de Valladolid supera los 135 millones de euros.
La EDAR de La Seca, después de un complejo proceso de tratamiento, devuelve el agua al cauce receptor con la calidad adecuada. La planta incluye una línea industrial para el lavado de equipos y riego de zonas verdes, y se ha cuidado especialmente el impacto ambiental: elementos generadores de olores y ruidos se han ubicado en edificios, y la plantación de especies vegetales ayuda a integrar la planta en el entorno.
El concepto de "habitante-equivalente" en Valladolid integra la población residencial con la componente industrial y ganadera de cada municipio, reflejando la carga contaminante real. La provincia cuenta con 15 depuradoras en funcionamiento que depuran cerca de 900.000 habitantes-equivalentes, y otras en construcción que aumentarán esta capacidad. Un conjunto de localidades incorporarán sus vertidos a la depuradora de la capital, representando una población equivalente de unos 50.000 habitantes, con una inversión superior a los 20 millones de euros. Las obras de conexión de Laguna de Duero a la depuradora de Valladolid, incluyendo Puente Duero, están en ejecución con una inversión próxima a los ocho millones de euros.
Desde 2006, la Junta de Castilla y León ha mantenido su esfuerzo inversor, contratando 52 nuevas actuaciones entre 2007 y 2009 que movilizaron más de 100 millones de euros.

En Extremadura, la construcción de la nueva depuradora de la Ribera del Marco avanza según los plazos previstos. Esta infraestructura es clave para garantizar el tratamiento adecuado de las aguas residuales, acompañar el crecimiento demográfico de Cáceres y mejorar el estado del río Guadiloba. La licitación para construir la nueva EDAR asciende a 93,3 millones de euros y contempla un plazo de ejecución de 43 meses. La futura instalación estará diseñada para tratar hasta 36.000 metros cúbicos diarios y dar servicio a una población equivalente de 220.000 habitantes, cumpliendo con los límites de vertido más exigentes de la futura normativa europea. La ciudad ya cuenta con tres depuradoras en servicio: El Marco, Capellanías y carretera de Malpartida. La nueva EDAR se ubicará en la misma parcela que la actual planta de El Marco, que recoge más del 90% de las aguas residuales de la ciudad pero que está al límite de su capacidad y presenta un proceso deficiente para eliminar nutrientes y tratar lodos.
El proyecto del trasvase para el abastecimiento de Cáceres, cuyo coste se duplicó a 23,8 millones de euros, se acometerá con fondos del Ministerio para la Transición Ecológica. El proyecto, reactivado hace un año, incluye la expropiación de 54 fincas y tiene un plazo de ejecución de 30 meses. Además, se realizará una obra de descarga en el embalse del Guadiloba, con valvulería de regulación, y se mejorará la eficiencia del bombeo de agua bruta a la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) mediante la sustitución del surtidor y la instalación de un campo solar fotovoltaico. Se ejecutará también un nuevo depósito de regulación en la parcela de la actual ETAP de Cáceres. El sistema actual de abastecimiento de Cáceres, que incluye Sierra de Fuentes y Malpartida de Cáceres, cuenta con dos fuentes de suministro: la captación habitual y un trasvase desde el Almonte construido en 1993.
La modernización de depuradoras en Navarra continúa con la finalización de la primera fase de obras en la estación depuradora comarcal que presta servicio a Tudela, Fontellas, Cascante y Murchante. Esta actuación ha supuesto una inversión superior a los 10 millones de euros y un plazo de ejecución de año y medio, incluyendo la modernización de la línea de fangos y la ampliación de depósitos de almacenamiento y tratamiento. Las instalaciones albergan también el laboratorio de NILSA y una planta piloto de fangos dedicada a investigación.
En resumen, la inversión en la capacidad depuradora de las riberas, desde los pequeños núcleos de población hasta las áreas metropolitanas, representa un compromiso firme con la protección del medio ambiente, la mejora de la salud pública y el desarrollo territorial sostenible. La implementación de tecnologías avanzadas, adaptadas a las necesidades específicas de cada localidad, y el trabajo conjunto entre administraciones y entidades locales son claves para garantizar un futuro hídrico más seguro y sostenible para todos.
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