La vuelta a la vida cotidiana tras los años más duros de la pandemia de COVID-19 ha traído consigo una reevaluación del papel de las mascarillas en nuestra sociedad. De ser un elemento omnipresente y obligatorio en casi todos los ámbitos, su uso ha evolucionado, adaptándose a nuevas realidades epidemiológicas y a una mayor comprensión de su efectividad y de las diferentes necesidades de protección. La reciente epidemia de gripe, particularmente la variante K, ha reavivado la conversación sobre la importancia de las mascarillas, no solo como barrera contra el coronavirus, sino también como defensa frente a otras infecciones respiratorias que resurgen con la llegada del otoño y el invierno.

La Farmacia como Epicentro de la Nueva Normalidad
La percepción pública sobre la utilidad de las mascarillas ha experimentado un cambio significativo. Ignacio Labello, un farmacéutico, señala que "la gente es consciente de cuál puede ser el uso y lo beneficioso que puede ser", lo que ha llevado a un notable incremento en su venta. "Ahora hay días que vendes 20 o 30", comenta, reflejando una demanda sostenida que va más allá de las épocas de mayor alerta sanitaria. Esta tendencia subraya una adaptación colectiva a la herramienta de protección, integrándola en la rutina de prevención de enfermedades respiratorias. La farmacia, antes un lugar para adquirir medicamentos puntuales, se ha convertido en un punto clave para el abastecimiento de estos elementos de protección, evidenciando su rol continuado en la salud pública.
Protocolos de Actuación: Escenarios y Recomendaciones
Ante la posibilidad de un colapso en los sistemas de atención primaria y hospitalaria, se ha desarrollado un protocolo de actuación que contempla hasta cuatro escenarios de riesgo. Estos escenarios van del 0 al 3, y definen las medidas a tomar tanto a nivel individual como institucional. En el escenario de riesgo bajo (escenario 0), las medidas se centran en la higiene y la prevención general. Sin embargo, a partir del escenario 1, que abarca indicadores de transmisión bajos o moderados, el uso de mascarillas se vuelve una recomendación clave.
En este primer nivel de intervención, se aconseja su uso en centros sanitarios tanto para el personal médico como para pacientes y acompañantes. Adicionalmente, se recomienda a las personas con síntomas que minimicen sus interacciones sociales y utilicen mascarilla.
A medida que el riesgo aumenta, el escenario 2, con indicadores de transmisión altos, amplía el espectro de recomendación. La mascarilla se sugiere no solo en centros sanitarios, sino también para trabajadores en residencias de ancianos (no para los residentes) y para aquellos que trabajan de cara al público. Este escenario también contempla su uso en actividades multitudinarias al aire libre, como eventos deportivos, reconociendo la mayor exposición al contagio en estas circunstancias.
El escenario 3 representa el nivel de riesgo más elevado, incluyendo todas las medidas de los escenarios anteriores y la adopción de acciones adicionales y excepcionales, adaptadas a la normativa vigente. Se busca una coordinación reforzada entre los diferentes territorios para hacer frente a situaciones de riesgo muy alto o pandémico.

La Mascarilla: De la Cirugía a la Moda y la Moda a la Moda
La interpretación social de la mascarilla ha sufrido una transformación radical. Eduardo Irastorza, profesor de Estrategia y Marketing, señala que "hasta ahora se identificaba con la medicina, la cirugía, o con la idea de Japón, donde la gente se pone la mascarilla para no contagiar a los demás en el trabajo". La pandemia, sin embargo, la ha normalizado en todo tipo de contextos. "Con la mascarilla aprendimos a interpretar a las personas de otra manera también, porque nos impedía ver parte de su rostro. Antes, eso significaba que iba a hacer algo indebido, en un atraco, en una manifestación", comenta. Ahora, su uso abarca un espectro mucho más amplio, desde la protección personal hasta un complemento que se ha integrado en la moda y la expresión individual.
Amparo Lasén, socióloga y profesora, añade que "los españoles somos de los que más concienciados estamos" en comparación con otros países europeos. La mascarilla se ha convertido en una parte natural de nuestro entorno visual, hasta el punto de que su ausencia puede generar cierta inquietud o "ansiedad ante la no mascarilla", como la describe la psicóloga clínica Elena Dapra. Esta ansiedad, aunque leve y temporal, responde a la percepción de la mascarilla como un "símbolo de nuestra seguridad", aunque Dapra matiza que este símbolo ha sido malentendido, ya que la verdadera protección radicaba en la distancia social.
Conflictos y Uso Politizado: Una Herramienta Dividida
La politización del uso de la mascarilla ha sido un fenómeno notable. El economista Pedro Rey, profesor de Economía del Comportamiento, lamenta que "hasta el uso de la mascarilla se ha politizado". Esta división se refleja en la diversidad de actitudes hacia su uso: desde quienes la aceptaron "a rajatabla" por imperativo legal y moral, hasta quienes la consideraron una medida útil junto con la distancia social, y aquellos que creían que no era efectiva.
Conoce el origen de las MASCARILLAS | #HistoriasCaletas (EP1)
Repercusiones Psicológicas: Adaptación a la Expresión Facial Completa
La retirada gradual de las mascarillas, especialmente en exteriores, plantea un desafío psicológico. Elena Dapra señala que, tras acostumbrarse a ver solo una parte del rostro, "ver las caras al completo se va a convertir en sobreinformación". Si bien la adaptación se espera que sea rápida, este cambio nos hará "conscientes de que la gente no es sólo la mirada. Que hablamos con personas de carne y hueso". La interpretación de las expresiones faciales, a las que ya no estamos tan acostumbrados, podría generar malentendidos y confusión. El consejo de Dapra ante esta situación es claro: primero, preguntar; después, confirmar y, finalmente, darse tiempo para asegurar la correcta comprensión de la comunicación no verbal.
La ansiedad ante la vulnerabilidad es una reacción normal, según la psicóloga. Sin embargo, destaca que "al venir de estar acostumbrados a ver sólo una parte del rostro, ver las caras al completo se va a convertir en sobreinformación". La adaptación será rápida, pero nos hará conscientes de que las personas son más que una mirada. Podríamos volver a apreciar las microexpresiones faciales, pero la falta de costumbre podría llevar a malentendidos.
La Mascarilla como Icono Pop y su Futuro en el Mercado
La mascarilla ha trascendido su función sanitaria para convertirse en un elemento cultural y de moda. Eduardo Irastorza destaca su capacidad para "incluirse en la moda, en el origen de la personalidad". Se ha visto en marcas deportivas, asociada a comunidades autónomas e incluso a equipos de fútbol, demostrando que ha ido más allá de su propósito médico inicial para formar parte de la identidad que deseamos proyectar. Irastorza no cree que se vaya a ver como algo negativo, sino que se recordará esta etapa de la pandemia y se le dará la vuelta, con celebraciones y un enfoque más lúdico.
En el ámbito publicitario, ya se ha utilizado para promocionar productos, especialmente aquellos con un componente estético como los tratamientos dentales. Sin embargo, su valor intrínseco y su precio están experimentando cambios. Pedro Rey, economista, señala que "en grandes superficies ya hay mascarillas rebajadas al 70%", lo que indica una disminución en la demanda y, consecuentemente, en la producción. Esta tendencia se refleja en los mercados bursátiles, donde las compañías productoras de mascarillas han visto caer su valor, mientras que el de las aerolíneas comienza a ascender, anticipando un menor uso generalizado.
El Tráfico de Señales: ¿Dónde y Cuándo Usar la Mascarilla?
El debate actual se centra en la señalización y las directrices sobre el uso de mascarillas. Si bien en verano se agradece su retirada en exteriores, la actitud individual hacia su uso variará. Amparo Lasén anticipa que "habrá gente deseosa de quitársela. Relajándose. Y otra que va a seguir llevándola puesta", especialmente personas mayores o más sensibles a las infecciones, quienes continuarán usándola en lugares cerrados con mucha gente, adoptando un "uso más asiático y no tan pandémico".
Pedro Rey coincide en que las reglas sencillas son más fáciles de cumplir y que el mensaje sobre la utilidad de la mascarilla ha cambiado en múltiples ocasiones. La preocupación no reside tanto en su uso en exteriores, sino en la capacidad de utilizarlas correctamente en interiores.
Obligatoriedad y Recomendación: Un Mosaico de Normativas
La situación actual en España presenta un panorama heterogéneo en cuanto a la obligatoriedad y recomendación del uso de mascarillas. En respuesta al aumento de infecciones respiratorias, especialmente la gripe, el Govern de la Generalitat de Catalunya ha decretado su uso obligatorio en centros sanitarios, residencias de ancianos y centros de personas con discapacidad. Esta medida, con una vigencia inicial de 15 días, se implementa ante un incremento del 50% en la incidencia de la gripe en una sola semana, superando los 419 casos por cada 100.000 habitantes, lo que indica un nivel de transmisión muy alto.
La gripe, que se ha adelantado cuatro semanas respecto a temporadas anteriores, tiene como variante predominante la 'K'. Los colectivos más afectados son las personas mayores de 65 años, niños menores de cinco, mujeres embarazadas y personas inmunodeficientes. El sistema sanitario ya ha visto superados los picos de ingresos hospitalarios de temporadas anteriores, y se prevé que la tendencia actual pueda superar los registros de las temporadas 2023-24 y 2024-25.
La obligatoriedad en Cataluña se aplica a personas a partir de los seis años y abarca centros de atención primaria, hospitalaria, intermedia, de salud mental, residencias de gente mayor y centros residenciales para personas con discapacidad. La medida concierne a trabajadores, visitantes y pacientes, si bien las personas ingresadas no deberán llevarla dentro de su habitación. Existen exenciones para personas con enfermedades respiratorias que puedan agravarse con su uso, aquellas con discapacidad que no puedan quitársela autónomamente, y en situaciones donde su uso sea incompatible con la actividad, según criterio sanitario.
Cataluña se une así a la Región de Murcia, donde el uso de mascarillas es obligatorio en centros sanitarios. En otras comunidades autónomas como Andalucía, Galicia, Castilla y León, Comunitat Valenciana o Aragón, su uso es solo recomendable.

La Perspectiva de los Expertos: Adaptación y Cautela
Incluso tras la relajación de las normativas, algunos, como el exministro José Bono, manifiestan que, si bien ven bien la medida gubernamental, no les "incomoda" llevar la mascarilla en interiores. Reconoce que el recuerdo de los peores días de la pandemia le hace ser cauto y que conserva cierto miedo, lo que le lleva a seguir llevándola a su lado.
Boticaria García, experta en salud, explica métodos para alargar la vida útil de las mascarillas higiénicas en hospitales, como la "economía de guerra" que consiste en "poner una mascarilla quirúrgica encima de las FFP2". Sin embargo, insiste en que las mascarillas quirúrgicas y FFP2 están diseñadas para un solo uso, y la OMS desaconseja su reutilización. La recomendación oficial del Ministerio es lavarlas a 60 grados para eliminar el virus en el caso de las higiénicas reutilizables.
Respecto a la protección, Boticaria García clasifica las mascarillas en tres tipos:
- Higiénicas: Para personas sanas, pueden ser de usar y tirar o reutilizables.
- Quirúrgicas: Destinadas a personas enfermas o positivas asintomáticas, a menudo de color azul y utilizadas por dentistas.
- FFP2: Diseñadas para quienes están en contacto directo con el virus, como personal sanitario o familiares de positivos. Aunque son las más codiciadas por su doble protección, no son necesarias para el uso diario general.
El coste de las mascarillas FFP2, alrededor de seis euros cada una y con una duración máxima de ocho horas, podría ascender a 150 euros mensuales por persona, lo que supone una barrera económica significativa para muchas familias. La escasez de fabricantes a nivel mundial también limita su disponibilidad, priorizando su uso para el personal sanitario.
La evolución del uso de la mascarilla refleja una adaptación a las circunstancias cambiantes, pasando de ser una imposición a una herramienta de protección flexible y adaptada a las necesidades individuales y colectivas, en un delicado equilibrio entre la protección sanitaria y la vuelta a la normalidad.
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