Parir con Mascarilla: La Realidad Silenciada de la Pandemia

La pandemia de COVID-19 irrumpió en nuestras vidas en 2020, alterando profundamente aspectos fundamentales de la existencia humana, desde las interacciones sociales hasta los momentos más íntimos y cruciales, como el nacimiento de un hijo. Para muchas mujeres embarazadas, la crisis sanitaria no solo significó la preocupación por el contagio, sino también una profunda transformación en la vivencia de su embarazo, parto y posparto. La imposición del uso de mascarillas, una medida preventiva esencial para contener la propagación del virus, añadió una capa de complejidad y angustia a un proceso ya de por sí transformador y emocionalmente cargado.

El Impacto Emocional y Físico del Embarazo Pandémico

El confinamiento estricto, implementado en los primeros trimestres de embarazo para muchas mujeres, tuvo repercusiones significativas. Laura, quien descubrió su embarazo en febrero de 2020, justo antes del inicio de la pandemia, relata cómo las restricciones afectaron su bienestar tanto físico como emocional. La imposibilidad de moverse o hacer ejercicio, combinada con la responsabilidad de cuidar a una hija pequeña, generó momentos de intensa ansiedad y preocupación. "Pasé momentos de mucha ansiedad y preocupación, lo que me llevaba a comer más. Engordé más de 20 kilos", explica. Este aumento de peso, sumado a la falta de actividad física, pudo haber influido en su salud y la de su bebé.

La intranquilidad y la incertidumbre fueron compañeros constantes para muchas gestantes. Leticia, quien dio a luz a su segundo hijo a finales de febrero en Madrid, también experimentó la soledad derivada de las restricciones de asistencia a las citas médicas y el miedo al contagio en la recta final de su embarazo. A pesar de estas dificultades, logró encontrar un hospital que le aseguró un proceso de parto seguro pero respetuoso, aunque la presencia de la mascarilla se convirtió en una constante en todos los protocolos hospitalarios.

Los estudios han corroborado estas experiencias, señalando una mayor incidencia de síntomas de ansiedad y depresión entre las mujeres embarazadas durante la pandemia. El temor a contagiarse y las posibles repercusiones para ellas y sus bebés, sumado a la angustia por las citas médicas y los protocolos de parto, crearon un ambiente de estrés que influyó negativamente en la salud mental de muchas futuras madres.

Mujer embarazada con expresión de preocupación mirando por la ventana

Parir con Mascarilla: Una Experiencia Dividida

La exigencia de usar mascarilla durante el parto se convirtió en uno de los aspectos más controvertidos y angustiantes de la experiencia pandémica para muchas mujeres. Los protocolos variaban entre hospitales, pero la presencia de la mascarilla era casi universal. Leticia, aunque no recuerda la incomodidad de la mascarilla durante el momento del parto en sí, sí sintió su peso al tener que estar pendiente de su uso una vez en la habitación, cuando la atención se centra en el recién nacido. "Llevé peor tener que estar pendiente de ponernos la mascarilla cuando ya estábamos en la habitación, cuando estás más pendiente de maternar", comenta.

Laura, cuyo parto fue inducido a mediados de octubre de 2020, relata una experiencia similar. Si bien pudo estar con su pareja durante la dilatación y retirarse la mascarilla para comunicarse y respirar, el personal sanitario siempre la llevaba puesta. Durante el expulsivo, Laura llevó doble mascarilla quirúrgica. Aunque no le resultó molesta en el momento crucial del parto, sí lamenta la imposibilidad de ver y besar a su hijo y a su pareja. "En el aspecto emocional el parto habría sido diferente en otras circunstancias. Poder besarnos, vernos las caras en ese momento… Me apena un poco ese recuerdo", confiesa.

La matrona Laia Casadevall subraya que la mascarilla puede ser especialmente molesta en partos fisiológicos, ya que "limita la comunicación y es una forma más de medicalizar el parto". Además, puede asociarse a sensaciones de claustrofobia y falta de oxígeno, lo que podría tener repercusiones para el bebé debido a la dificultad en el intercambio de gases. El Royal College of Midwives de Inglaterra incluso emitió un comunicado en julio de 2020 en contra del uso generalizado de la mascarilla durante el parto.

La matrona Nazareth Olivera Belart reconoce la controversia que rodea el uso de la mascarilla en el parto. Si bien entiende la necesidad de su uso por miedo al contagio, también enfatiza que la experiencia varía enormemente de una mujer a otra y del tipo de parto. "Algunas mujeres verbalizan que es muy molesta, pero para otras no lo es", explica. El uso de la mascarilla es, en general, puntual, y su portación depende de si la mujer está con epidural o no, de su movilidad y de la carga asistencial del personal sanitario. Olivera cuestiona la rigidez de estas normas, señalando la exención del uso de mascarillas para quienes hacen deporte o fuman en la calle, y aboga por una individualización del cuidado y el bienestar de la mujer, considerando los equipos de protección personal.

La necesidad de usar mascarilla incluso con una PCR negativa genera debate. En España, los hospitales, ante la falta de consenso, aplican el principio de precaución, haciendo obligatorio su uso. Olivera explica que esto se debe, en parte, a la posibilidad de falsos negativos en las PCR y a la existencia de mujeres asintomáticas que dan positivo. Sin embargo, insiste en la necesidad de un "uso racional" de la mascarilla, buscando un equilibrio entre la protección del personal sanitario y el bienestar de la mujer en un momento de intensidad física y emocional.

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Derechos Ganados y Retrocesos Durante la Pandemia

La pandemia también impactó negativamente en los derechos y avances logrados en las últimas décadas en cuanto al acompañamiento y la atención en el embarazo, parto y posparto. Muchas mujeres tuvieron que asistir a pruebas médicas sin acompañante y no todas pudieron contar con su pareja en el momento del parto. En algunos centros, se observó un aumento de cesáreas innecesarias y separaciones entre madre y bebé.

Organizaciones como "El parto es nuestro" insisten en que no existe evidencia científica que justifique la prohibición de acompañamiento en las visitas ginecológicas o en el parto, ni la separación de madre y criatura, independientemente del estado de la PCR. Tampoco hay base científica para imponer cesáreas a mujeres embarazadas con COVID-19.

En el caso de que una mujer dé positivo en COVID-19 al momento del parto, las recomendaciones de organismos oficiales, como el Ministerio de Sanidad o la Sociedad Española de Neonatología, sugieren mantener el piel con piel y la lactancia materna si la madre lo desea. Se permite el acompañamiento de la pareja, con la condición de que no salga al exterior, y se recomienda el uso de mascarilla e higiene de manos frecuente una vez en planta. Sin embargo, lamentablemente, en algunos hospitales se han documentado separaciones injustificadas y cesáreas electivas sin indicación clínica.

La Lucha por un Parto Digno: Voces de las Mujeres

La experiencia de parir con mascarilla ha sido descrita por muchas mujeres como una fuente de asfixia, mareos e incluso ganas de vomitar. La imposibilidad de respirar con normalidad durante las contracciones y el expulsivo se ha convertido en una queja recurrente. La falta de entendimiento sobre por qué, a pesar de realizarse PCR al ingreso, no se permite estar sin mascarilla en los momentos de mayor esfuerzo, genera frustración.

Irene Vicente, quien dio a luz en abril de 2020, relata cómo, a pesar de una PCR negativa, tuvo que llevar mascarilla durante las 22 horas de parto. En la habitación, la presencia constante del personal para tomar la temperatura y la tensión la obligaba a mantenerla puesta. La mascarilla también le impidió ver la cara de su bebé al nacer, afectando el vínculo emocional. "A nivel emocional es muy duro el tener una mascarilla puesta que te impide ver las expresiones, porque solo ves los ojos", comenta.

Natalia, quien tuvo a su hija en marzo de 2021 tras un embarazo de alto riesgo, pasó 11 horas de contracciones con una mascarilla FPP2. El momento más angustioso no fue el dolor del parto, sino la dificultad para respirar mientras empujaba. "Me la tuve que bajar porque iba a vomitar", confiesa. Triana, quien ya había tenido un parto previo sin mascarilla, compara la experiencia: "Sentía que me desmayaba. Me faltó el aire".

Teresa, tras sufrir varios abortos, incluido uno en plena pandemia, finalmente pudo tener a su bebé. Su embarazo estuvo marcado por la tensión, el miedo al contagio y la precaución. A pesar de tener la epidural puesta y estar lista para una cesárea, su principal preocupación era la mascarilla. Fue el único momento en el que se le permitió retirarla para el piel con piel. "Todo le mereció la pena", asegura, a pesar de la incomodidad y el sobrecalentamiento que el uso prolongado de la mascarilla conllevó.

Infografía: Comparativa de experiencias de parto con y sin mascarilla

Evidencia Científica y Recomendaciones: Buscando el Equilibrio

A pesar de las experiencias negativas, la evidencia científica sobre la transmisión del SARS-CoV-2 en el contexto del parto ha ido evolucionando. Inicialmente, el desconocimiento sobre las vías de contagio y el impacto en neonatos llevó a prácticas restrictivas, como partos sin acompañante, separaciones madre-bebé y un aumento de cesáreas. Sin embargo, se constató que la transmisión vertical (de madre a feto) es muy rara.

Los estudios actuales sugieren que la mayoría de las embarazadas infectadas con COVID-19 presentan síntomas leves o son asintomáticas. El riesgo de complicaciones graves es similar al de la población general, aunque puede ser mayor en aquellas con comorbilidades como obesidad o hipertensión. La vacunación contra la gripe se considera fundamental para las embarazadas, dada su mayor vulnerabilidad a las infecciones respiratorias.

En cuanto a los partos prematuros, las estadísticas indican un aumento, pero este se debe principalmente a la necesidad de finalizar el embarazo por enfermedad materna grave, no a partos prematuros espontáneos. Las cesáreas solo están indicadas si la madre está demasiado enferma para afrontar el parto.

La preocupación por el aumento de muertes fetales tardías durante la pandemia ha sido objeto de análisis. Si bien algunos estudios en otras regiones del mundo han alertado sobre este fenómeno, en España, los expertos consultados no han encontrado variaciones significativas en los datos de sus hospitales. Se destaca que la asistencia obstétrica se ha mantenido en España incluso en los momentos más críticos de la pandemia.

La desigualdad en el acceso a la atención prenatal y a la preparación para el parto ha sido otra consecuencia de la pandemia, afectando especialmente a mujeres de bajos recursos o migrantes. Los estudios han encontrado una mayor prevalencia de COVID-19 en mujeres latinoamericanas, lo que subraya la necesidad de abordar estas disparidades.

La comunicación es un aspecto crucial en el parto. El uso de mascarillas dificulta la comunicación verbal, el contacto visual y la interpretación de señales no verbales, lo que puede impactar negativamente en la experiencia de la mujer y en la monitorización del parto por parte de las matronas. La vocalización, una técnica de relajación importante, también puede verse limitada.

Las recomendaciones internacionales, como las del Royal College of Midwives (RCM) y el Public Health England (PHE), sugieren un uso "tolerado" y "no perjudicial" de las mascarillas por parte de las parturientas, priorizando la seguridad clínica y el bienestar de la mujer. Se aboga por la individualización de las medidas, el uso racional de la mascarilla y la priorización de la comunicación y el contacto humano, siempre que sea posible y seguro.

El Futuro de la Atención al Parto en un Mundo Post-Pandemia

La pandemia ha dejado una huella imborrable en la forma en que concebimos y vivimos el embarazo y el parto. Si bien las medidas de protección fueron necesarias, es fundamental reflexionar sobre su impacto y buscar un equilibrio que garantice la seguridad sin menoscabar los derechos y la dignidad de las mujeres. La evidencia científica actual sugiere que, con protocolos adecuados y un enfoque centrado en la mujer, es posible ofrecer una atención de calidad y respetuosa, incluso en circunstancias desafiantes. La comunicación abierta, la empatía y la adaptación de las medidas a las necesidades individuales de cada mujer serán claves para asegurar que el momento del nacimiento siga siendo una experiencia positiva y memorable, libre de miedos innecesarios y de barreras invisibles. El desafío reside en aprender de esta experiencia y construir un modelo de atención al parto que priorice el bienestar integral de la madre y el bebé, basándose en la evidencia y en el respeto a los derechos humanos.

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