La Depuración del Magisterio Español: Un Legado de Represión y Resistencia

La Guerra Civil Española (1936-1939) no solo fue un conflicto bélico de devastadoras consecuencias, sino también un periodo de profunda transformación social y política que impactó todos los estamentos de la vida española. Uno de los ámbitos más afectados fue, sin duda, el de la educación, y dentro de él, la figura del maestro y la maestra. La victoria del bando sublevado liderado por Francisco Franco supuso la imposición de un nuevo régimen que buscaba extirpar los cimientos de la educación republicana, considerada por los vencedores como un "virus" que había corrompido las conciencias juveniles. Este artículo explora la compleja y trágica historia de la depuración del magisterio español, un proceso sistemático de represión que buscó moldear la educación y, por ende, la futura sociedad española según los principios del nacionalcatolicismo.

La Educación Republicana: Un Proyecto de Modernización y Apertura

Antes de analizar la represión, es crucial comprender el proyecto educativo que se gestaba durante la Segunda República. El Gobierno republicano, con un "inicial y descomunal esfuerzo", se dedicó a legislar y reformar el sistema educativo. Se buscaba mejorar la situación económica y formativa del profesorado, considerando al maestro y la maestra como el "alma de la escuela". La Ley de Educación Republicana proyectó una reforma de las Escuelas Normales y los estudios de Magisterio, elevando la carrera a un nivel "casi universitario" e incorporando un enfoque marcadamente didáctico y metodológico, con prácticas docentes incluidas. Se crearon "cursillos de formación profesional", y la enseñanza de la Religión no era obligatoria, un punto clave de divergencia con el modelo que se impondría posteriormente.

La República también se embarcó en la ambiciosa tarea de dotar al país de nuevas infraestructuras educativas, con el objetivo de construir 27.000 escuelas. Se promovió la idea de una "escuela activa", donde se potenciara el "cómo se aprende" sobre la mera acumulación de contenidos, fomentando una pedagogía colaborativa y no competitiva. Organizaciones como la Institución Libre de Enseñanza (ILE), fundada por figuras como Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate y Nicolás Salmerón, jugaron un papel fundamental en la forja de nuevas generaciones. La ILE, de la que surgieron la Residencia de Estudiantes y las Misiones Pedagógicas, promovía ideas como la investigación, la solidaridad, el trabajo en equipo y la creatividad literaria. Las Misiones Pedagógicas, dirigidas por Manuel Bartolomé Cossío, llevaron bibliotecas, gramófonos, reproducciones artísticas, cine y teatro a los rincones más apartados y pobres de España.

Misiones Pedagógicas de la Segunda República

El Golpe de Estado y el Inicio de la Represión

El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 marcó un punto de inflexión brutal para el magisterio republicano. Desde el primer momento, Franco, quien "todavía carecía de atributos para dirigir un gobierno civil ni tampoco era jefe supremo del mando militar", puso en marcha la apertura de los centros educativos para iniciar la construcción de una "educación y un estado diferentes". Se dispuso abrir las escuelas con una "gran parte del profesorado contrario a la derecha, al golpe militar, a los sublevados, a la guerra…".

La represión contra los docentes se inició de forma prácticamente inmediata, aunque no fue legalmente establecida hasta la publicación del Decreto del 8 de noviembre de 1936. Antes de esta fecha, la purga fue llevada a cabo por las autoridades académicas de cada distrito universitario, siguiendo las directrices de la autoridad militar y civil de cada provincia. Esta primera depuración puede considerarse como una "purga militar", sujeta a la legislación castrense de urgencia.

La normativa depuradora se basó en la idea de que el magisterio durante la Segunda República había estado en "manos inapropiadas", siendo necesario "extirpar las supuestas falsas doctrinas arraigadas durante el periodo republicano (relativismo, laicismo, etc.)". Se buscaba "recristianizar la cultura", hacer resurgir las "gloriosas tradiciones nacionales" y demostrar al mundo que existía una "ciencia esencialmente española", no contaminada de extranjerismos. El ministro Ibáñez Martín hablaba de acabar con el anterior "desconcierto científico y doctrinal" y declaraba que "demasiada ciencia no acerca más al Ser Supremo".

La Estructura y Mecanismos de la Depuración

El proceso de depuración se organizó a través de un complejo aparato administrativo. Inicialmente, la Oficina Técnico-Administrativa se encargó de la tramitación de expedientes, pero posteriormente, la Comisión Especial Dictaminadora (creada en marzo de 1939) asumió la función de examinar y resolver dichos expedientes. Esta comisión permaneció activa hasta su disolución en enero de 1942, momento en el que se consideró que todos los expedientes habían sido resueltos. El trabajo de las comisiones depuradoras se llevaba a cabo a nivel provincial, y sus miembros debían tener "probada moralidad católica" y "solvencia moral y técnica", además de contar con informes favorables de autoridades locales como el alcalde, la Guardia Civil o el cura párroco.

El "atroz desmoche" fascista no solo aniquiló la tradición anarquista o socialista, sino también las corrientes de pensamiento liberal-democráticas. El futuro debía ser patrimonio de una "enseñanza sin anclajes republicanos". Las dos leyes represoras más importantes fueron la de Responsabilidades Políticas (9 de febrero de 1939) y la de Depuración de Funcionarios (10 de febrero de 1939).

Edificio del Ministerio de Educación Nacional en Madrid

El Papel de los Informes y las Delaciones

Un elemento crucial en el proceso de depuración fueron los informes. Las Comisiones no solo solicitaban información a las autoridades locales (alcalde, cura, Guardia Civil), sino que también se nutrieron de denuncias privadas, a menudo anónimas. Se pedía a los informantes que proporcionaran "cuantos datos conozca en el orden político, social, religioso, moral y singularmente la actuación docente en las escuela, de los maestros…". La falsedad, parcialidad u omisión de datos se consideraba una "grave falta de patriotismo". Los informes del cura párroco y de la Guardia Civil solían ser particularmente duros, llegando a acusar a maestros de "propaganda protestante" o de tener "ideas muy avanzadas y extremistas".

Los docentes, para poder defenderse, debían presentar un "escrito de descargo". Sin embargo, las Comisiones no otorgaban credibilidad a las simples negaciones. Era necesario argumentar la defensa, proclamar la inocencia, e incluso aludir a antiguas rencillas o envidias como causa de las acusaciones. Resultaba paradójico que, en muchos casos, los maestros debían solicitar informes favorables a las mismas personas que habían emitido los testimonios en su contra.

Sanciones y Consecuencias

Las sanciones impuestas a los maestros depurados fueron variadas y de gran dureza. Se estima que entre un 25% y un 30% de los docentes depurados fueron sancionados. Las consecuencias podían ir desde la suspensión de empleo y sueldo durante un periodo mínimo de año y medio, hasta la expulsión definitiva de la profesión. Muchos fueron confinados en campos de concentración, sometidos a trabajos forzados o enviados al destierro. Un número significativo de maestros fueron, además, fusilados.

En Murcia, se documentan 10 maestros represaliados entre 1939 y 1942, pero la cifra total fue mucho mayor. El caso del maestro murciano José Castaño, condenado a 30 años de prisión (aunque solo cumplió dos), ilustra la larga sombra de la represión, ya que no pudo ejercer su profesión entre 1941 y 1975. En Navarra, antes de la depuración, había 1.088 maestros; 293 fueron depurados o sancionados. De ellos, 58 fueron destituidos, 85 suspendidos de empleo y sueldo, y 12 perdieron la escuela. Más de 107 sufrieron otras sanciones, como multas por "ultrajar a la patria".

Las maestras también sufrieron un trato vejatorio. En muchos pueblos, se les rapó el pelo, se las paseó por las calles principales y se las envió al destierro. En los avances de las tropas franquistas, algunas fueron dejadas "en manos" de la Legión y los norteafricanos.

La Nueva Educación Nacional-Católica

La depuración del magisterio fue un paso fundamental para la construcción del nuevo Estado franquista, un estado "vertical de arriba abajo", con "control férreo de las personas, las ideas en los organismos creados para ello, con uniformidad militar, con vigilancia estrecha a los demócratas, con enjuiciamientos someros y arbitrarios a éstos, con eliminación física (fusilamientos)".

La educación se puso al servicio de la "conveniencia nacional", suprimiendo la enseñanza laica y la coeducación. El "soporte ideológico" se basó en la "moral cristiana", imponiéndose de nuevo la Religión y la Historia Sagrada. Ante la escasez de profesorado disponible, se recurrió a los curas, afirmando José Pemartín, Jefe del Servicio de Enseñanza Media y Superior, que "cualquier cura podía ejercer de maestro".

La educación debía inculcar "ideas como la democracia, la solidaridad, la solución de los asuntos de clase colectivamente" estaba prohibida. En su lugar, se estimulaban ideas como el amor y servicio a Dios y a la Patria, la bandera española, el castellano, la fe cristiana, la tradición o la "propia raza española". Los niños y niñas debían comprender y asimilar el papel que debían desempeñar en la sociedad, formándose según los principios de la "mentalidad que se intentaba impartir". La vuelta a la confesionalidad estatal se hizo explícita, y la Ley de Educación Primaria de 17 de julio de 1945 ponía a "la escuela al servicio de la religión". La religión se convirtió en un "elemento domesticador" para lograr la sociedad deseada por el Nuevo Régimen.

Se impuso la obediencia a las órdenes de los superiores y a dogmas políticos o religiosos. Subrepticiamente, existía la intención de "alabanza y el encumbramiento, en los textos y enciclopedias… de la figura del dictador". Textos escolares, como los destinados a niños de 8/9 años, dedicaban apartados exclusivos al "insigne Caudillo", utilizando un lenguaje ambiguo y esotérico para explicar la necesidad del "Movimiento Nacional para que España fuese Una, Grande y Libre". Se cantaba diariamente el "Cara al Sol" y otras canciones de índole falangista.

El adiestramiento de la infancia y la juventud no se limitó a las aulas. En 1940 se creó el Frente de Juventudes, una organización juvenil vinculada a la FET y de las JONS.

Tema 12. La educación en el Franquismo

La Memoria y la Búsqueda de Justicia

A pesar de la magnitud de la represión, la memoria histórica ha emergido como un pilar fundamental para comprender este oscuro capítulo de la historia española. Iniciativas como la base de datos de 564.269 maestros/as depurados/as por el franquismo, difundida por ihr.world, son cruciales para la recuperación de la memoria. Esta base de datos, elaborada durante años por el Archivo Central de Educación (ACME), permite buscar por nombre y apellido, facilitando la localización de expedientes y la reconstrucción de trayectorias vitales.

La asociación Innovación y Derechos Humanos (IHR World) ha jugado un papel vital en la divulgación de archivos y documentos, haciendo accesible la información sobre los consejos de guerra y los expedientes de depuración. "Nunca hasta ahora había sido tan accesible la referencia a estos expedientes de depuración", señala Concha Catalán, integrante de IHR World. Estas iniciativas no solo permiten conocer la historia de familiares represaliados, sino que también contribuyen a reparar el "dolor de la gente por no poder acceder a la historia de vida de sus familiares más inmediatos".

La investigación sobre la depuración del magisterio continúa, con proyectos que analizan las trayectorias académicas de maestros y maestras, como las sesiones que se celebran en la Universidad de Zaragoza para analizar las vicisitudes de los profesionales de la enseñanza en Huesca. La recuperación de la memoria de figuras como José Sánchez Rosa, maestro y anarquista andaluz, o Antonio Gómez Frías, el marroquinero ubriqueño que enseñaba a leer a sus vecinos, es un acto de justicia histórica.

La depuración del magisterio español representa uno de los episodios más crueles de la represión franquista. La destrucción de una obra educativa innovadora y la persecución sistemática de sus artífices tuvieron un impacto profundo y duradero en la sociedad española. La labor de recuperación de la memoria y la investigación histórica son esenciales para comprender la magnitud de esta tragedia y para honrar la resistencia de aquellos que defendieron un modelo educativo basado en la libertad, la igualdad y el progreso.

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